Thomas Robert Malthus, aquel ensayista inglés sostenía que dado que la población crece en proporción geométrica y los métodos de abastecimiento en forma aritmética, la superpoblación era la peor pesadilla imaginable, y las guerras, la hambruna y epidemias, formas “sanas” de controlarla.
Propuso diferentes pasos a seguir:
a) Desvinculación total del Estado con la economía,
Incluido los sectores de la educación, la investigación, y a largo plazo desvinculación con la Policía, y las Fuerzas Armadas, destinadas a convertirse en sectores lucrativos para las empresas privadas.
b) Precarización de los empleos y mantenimiento del nivel de desempleo elevado, gracias a las relocalizaciones y la globalización del mercado de trabajo. Esto acrecienta la presión económica sobre los asalariados-trabajadores, que están entonces dispuestos a aceptar cualquier salario o condiciones de trabajo.
b) Reducción de las ayudas sociales, para incrementar la motivación de los desempleados para aceptar cualquier trabajo y a cualquier nivel salarial. Ayudas sociales demasiado elevadas impiden al desempleado hacer presión eficazmente sobre el mercado de trabajo.
c) Impedir el aumento de reivindicaciones salariales en los países del Tercer Mundo, manteniendo regímenes totalitarios o corruptos. Si los trabajadores del Tercer Mundo fueran mejor remunerados, ello quebraría el principio mismo de las relocalizaciones y de la palanca que ellas ejercen sobre el mercado de trabajo y sobre la sociedad en los países desarrollados. Esto es, entonces, un aspecto o clave estratégica, esencial, que debe ser preservada a cualquier precio. La famosa “crisis asiática” de 1998 ha sido provocada con el objetivo de preservar y proteger esta clave.
Los terroecologistas y los ecologistas doble agente
En el plan malthusiano del CFR( Consejo Federal de Relaciones), no ocupa un renglón
menor la necesaria destrucción de la naturaleza. Ello y el aumento de la contaminación van a convertir a los individuos aún más dependientes del sistema económico para su sobrevivencia, y permitirán la generación de nuevas formas de lucro (particularmente con el consumo creciente de medicamentos y prestaciones médicas...).
Además, la naturaleza constituye una referencia de otro orden, el del universo.
La contemplación de la belleza y de la perfección de este orden es considerada subversiva: ella encamina al individuo a rechazar la fealdad de las zonas urbanizadas, y a dudar del orden social que debe permanecer como su única referencia.
La urbanización del medioambiente permite ubicar las poblaciones en un espacio totalmente controlado, y donde el individuo está totalmente inmerso en una proyección del orden social.
Además, la contemplación de la naturaleza incita a soñar e intensifica la vida interior de los individuos, desarrollando su sensibilidad propia, así como su libre arbitrio.
Ellos dejan entonces de estar fascinados por las mercancías, y se desvían de los programas televisados destinados a idiotizar y a controlar su mente-espíritu. Liberado de sus cadenas, los individuos empiezan a imaginar otra sociedad alternativa, fundada sobre otros valores que no sean el lucro y el dinero. Todo lo que puede llevar a los individuos a pensar y a sobrevivir por ellos mismos es potencialmente subversivo. El peligro más grande para el orden social es la espiritualidad, porque ello encamina al individuo a conmover su sistema de valores y entonces su comportamiento, en detrimento de sus valores y comportamientos ecedentemente implantados por el condicionamiento social. Para la estabilidad del “Nuevo Orden Social”, todo lo que puede estimular su despertar espiritual debe ser eliminado.
Desde esta perspectiva, los ecologistas son verdaderos terroristas, así como quienes lideran un renacer espiritual. A los primeros, se los combate con un amplio espectro que abarca desde inficionar sus organizaciones, presentar fundaciones y organizaciones que disfrazadas de solidaridad esconden operaciones de intoxicación, desvío e inteligencia. A los segundos, con el apoyo político y militar a las religiones “institucionalizadas”, únicas “serias y respetables”.
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