Sección 7 - Síntesis y conclusiones
La Naturaleza de la Guerra
La guerra no es, como se presume a menudo, primariamente un instrumento de política utilizado por las naciones para extender o defender sus valores políticos expresados o sus intereses económicos. Por el contrario, conforma en sí misma la base principal de la organización sobre la cual todas las sociedades modernas se asientan. La causa próxima común de la guerra es la aparente interferencia de una nación con las aspiraciones de otra. Pero en la raíz de todas las diferencias ostensibles del interés nacional yacen los requerimientos dinámicos del sistema de guerra en sí, que requiere del conflicto armado periódico. La preparación para la guerra caracteriza a los sistemas sociales contemporáneos más ampliamente que las estructuras económicas y políticas que se le subordinan.
Los análisis económicos de los problemas previsibles de una transición hacia la paz no han reconocido la preeminencia general de la guerra en la definición de los sistemas sociales. Lo mismo es verdad, con solo raras y parciales excepciones, en relación a los "escenarios" de modelos de desarme. Por esta razón, el valor de los trabajos previos se limita a proponer los aspectos mecánicos de semejante transición. Ciertas características de estos modelos podrían posiblemente ser de aplicación a una situación real de conversión hacia la paz; esto dependerá de su compatibilidad con un plan de paz sustantiva en lugar de uno que sea meramente de procedimiento. Semejante plan podrá ser desarrollado únicamente desde una premisa que implique una comprensión completa de la naturaleza del sistema de guerra que se propone abolir, lo que - a su vez- presupone una comprensión detallada de las funciones que el sistema de guerra cumple para la sociedad. Requerirá la construcción de un sistema detallado y factible de sustitutos para aquellas funciones que resultan necesarias para la estabilidad y supervivencia de las sociedades humanas.
Las funciones de la guerra
La función visible y militar de la guerra no requiere de ninguna aclaración; no solo resulta obvia sino que es irrelevante para una transición hacia una condición de paz en la que, por definición, se convertiría en superflua. A su vez, resulta subsidiaria en su significado social a las funciones implícitas y no-militares de la guerra; aquellas funciones que resultan críticas para semejante transición pueden ser sintetizadas en cinco agrupamientos generales.
1. Económicas. La guerra ha brindado, tanto a las sociedades antiguas como a las modernas, de un sistema confiable para estabilizar y controlar las economías nacionales. No se ha probado ningún sistema alternativo dentro de una economía compleja moderna que haya demostrado ser ni remotamente comparable en alcance y efectividad con el mismo.
2. Políticas. La posibilidad permanente de la guerra es un elemento fundamental para lograr un gobierno estable; brinda la base para una aceptación general de la autoridad política. Ha permitido a las sociedades mantener las necesarias distinciones de clase y ha asegurado la subordinación del ciudadano al estado en virtud de los poderes residuales de la guerra, inherentes al concepto de la nacionalidad. Ningún grupo moderno en el poder ha controlado con éxito a sus ciudadanos tras haber fallado en el sostenimiento de una credibilidad continua respecto de una amenaza externa de guerra.
3. Sociológicas. La guerra, a través del medio de las instituciones militares, ha servido de manera única a las sociedades a través de toda la historia conocida, como un controlador indispensable de las peligrosas disidencias sociales y las tendencias antisociales destructivas. Como el controlador más formidable de las amenazas a la vida misma y como el único susceptible de verse mitigado por la organización social, también ha desempeñado un rol igual de fundamental: el sistema de guerra ha brindado los mecanismos a través de los cuales las fuerzas motivacionales que gobiernan el comportamiento humano se han visto traducidos en una lealtad social aglutinante. De esta manera, ha asegurado el necesario grado de cohesión social para que las naciones sean viables. Ninguna otra institución o grupo de instituciones en las sociedades modernas ha desempeñado estas funciones en forma exitosa.
4. Ecológicas. La guerra ha sido el principal mecanismo evolutivo para mantener un equilibrio ecológico satisfactorio entre la población humana bruta y los recursos disponibles para su supervivencia. Es un caso único de la especie humana.
5. Culturales y científicas. La orientación guerrera ha determinado los standards básicos de valor en las artes creativas y ha brindado la fuente principal de motivación para el progreso científico y tecnológico. Los conceptos de que las artes expresan valores independientemente de sus propias formas y que la búsqueda exitosa del conocimiento tiene un valor social intrínseco ha sido aceptado desde hace mucho tiempo en las sociedades modernas. El desarrollo de las artes y de la ciencia durante este período ha sido un corolario al desarrollo paralelo de los armamentos.
Sustitutos para las funciones de la guerra: criterios.
Las funciones de la guerra previamente expuestas son esenciales para la supervivencia de los sistemas sociales como los conocemos hoy en día. Con dos posibles excepciones, también resultan esenciales para cualquier tipo de organización social estable que pudiera sobrevivir en un mundo sin guerra. Analizar las maneras y medios para lograr una transición hacia un mundo semejante no tendría sentido a no ser que:
(a) puedan ser diseñadas instituciones sustitutivas para cumplir con estas funciones, o
(b) pueda comprobarse la hipótesis de que la pérdida parcial o total de cualesquiera de estas funciones no necesariamente destruirá la viabilidad de las futuras sociedades.-
Semejantes sociedades e hipótesis sustitutivas deben cumplir diversos criterios. En términos generales, deben ser técnicamente factibles, políticamente aceptables y potencialmente creíbles para los miembros de las sociedades que pretendan adoptarlas. Específicamente, deben caracterizarse de la siguiente manera:
1. Económicos. Un sustituto económico aceptable para el sistema de guerra requerirá que se utilicen recursos para propósitos integramente productivos a un nivel comparable al de los gastos militares que requiere cada sociedad según su tamaño y complejidad. Semejante sistema sustitutivo de aparente "desperdicio" debe ser de una naturaleza que le permita mantenerse independiente de la economía normal de oferta y demanda; debe estar sujeta a un control político arbitrario.
2. Políticos. Un sustituto político viable de la guerra debe identificar una amenaza externa generalizada para cada sociedad de una naturaleza y de un grado lo suficientemente importantes como para justificar la organización y aceptación de una autoridad política.
3. Sociológicos. En primer termino, en la total ausencia de la guerra, deberán desarrollarse nuevas instituciones que puedan controlar en forma efectiva los segmentos destructivos de las sociedades. En segundo término, con el propósito de adaptar las dinámicas físicas y psicológicas del comportamiento humano a las necesidades de la organización social, un sustituto creíble de la guerra debe generar un miedo de destrucción personal omnipresente y fácilmente comprensible. Este miedo debe ser de una naturaleza y de un grado suficientes como para asegurar la adherencia una totalidad de valores sociales, en la medida en que son reconocidos como transcendentales al valor de la vida humana individual.
4. Ecológicos. Un sustituto de la guerra en su función como el único sistema humano de control de la población debe asegurar la supervivencia, aunque no necesariamente el mejoramiento, de la especie en términos de su relación con los recursos del medio ambiente.
5. Culturales y científicos. Un sustituto para la función de la guerra como determinante de los valores culturales debe establecer las bases de un conflicto socio-moral de una fuerza igualmente atractiva y amplia. Una base motivacional sustitutiva de la búsqueda del conocimiento científico debe en forma similar verse conformada por un sentido de necesidad interna comparable.
Sustitutos de las funciones la guerra: modelos.
Las siguientes instituciones sustitutivas, entre otras, han sido propuestas para consideración como reemplazantes de las funciones no-militares de la guerra. Que no se las haya propuesto originalmente para tal propósito no implica o invalida que se las pueda considerar para esta aplicación en un futuro.
1. Económicos.
(a) Un programa integral de acción social, dirigido hacia la máxima mejora de las condiciones generales de la vida humana.
(b) Un programa de investigación espacial gigantesco y sin meta concreta orientado hacia objetivos no realizables.
(c) Un sistema de inspección de desarme permanente, ritualizado y ultra-elaborado y variantes de semejante sistema.
2. Políticos.
(a) Una fuerza policial internacional omnipresente y virtualmente omnipotente,
(b) una amenaza extraterrestre establecida y reconocida.
(c) una contaminación ambiental masiva y global.
(d) enemigos ficticios alternativos.
3. Sociológicos: función de control.
(a) programas generalmente derivados del modelo del Peace Corps.
(b) una forma moderna y sofisticada de la esclavitud.
Función motivacional.
(a) contaminación ambiental intensificada.
(b) nuevas religiones u otras mitologías.
(c) juegos de sangre socialmente orientados.
(d) una combinación de estas formas.
4. Ecológicos. Un programa integral de eugenesia aplicada.
5. Culturales. No se propone ninguna institución sustitutiva.
Científicos. Los requerimientos secundarios de programas de la investigación espacial, la asistencia social y/o la eugénica.
Sustitutos de las funciones de la guerra: evaluación.
Los modelos arriba indicados solo reflejan el comienzo de la búsqueda de instituciones sustitutivas para las funciones de la guerra y no tanto una recapitulación de las alternativas disponibles. Sería prematuro e inapropiado entonces ofrecer juicios finales sobre su aplicabilidad a una transición hacia la paz y más allá. A su vez, dado que el complejo pero necesario proyecto de correlacionar la compatibilidad de los sustitutos propuestos para las diferentes funciones podría ser tratado solamente en forma ilustrativa en esta etapa, hemos elegido no brindar las correlaciones hipotéticas que fueron intentadas ya que se estima que son estadísticamente inadecuadas.
De todos modos, algunos comentarios tentativos y orientadores a estas "soluciones" funcionales propuestas indicarán cual es la amplitud de las dificultades involucradas en esta área del planeamiento para la paz.
Economía. No puede esperarse que el modelo de acción social permanezca fuera de la economía normal una vez que haya concluido su fase predominante de inversión de capital. Su valor en esta función podrá entonces ser tan solo temporario. El sustituto de la investigación espacial parecería cumplir ambos criterios principales y debería examinarse en mayor profundidad, especialmente en relación a los efectos probables que tendría sobre otras funciones de la guerra. Esquemas de "inspección elaborada", aunque superficialmente atractivos, resultan inconsistentes con la premisa básica de una transición hacia la paz. La variante de las "fuerzas no armadas" que es logísticamente similar, está sujeta a la misma crítica funcional que el modelo de la acción social generalizada.
Política. Como los sustitutos de esquemas de inspección, las propuestas de una policía plenipotenciaria internacional resultan inherentemente incompatibles con el fin de un sistema de guerra. La variante de las "fuerzas no armadas" modificada para incluir poderes ilimitados de sanción económica podría previsiblemente ampliarse a constituir una amenaza exterior creíble. El desarrollo de una amenaza aceptable desde el "espacio exterior", presumiblemente en conjunto con el sustituto de la investigación espacial para control económico, parecería poco prometedor en términos de su credibilidad. El modelo de contaminación ambiental no parecería ser lo suficientemente adecuado para un control social inmediato salvo a través de la aceleración arbitraria de las tendencias actuales de contaminación. Esto a su vez, plantea preguntas respecto de su aceptabilidad política. Nuevos enfoques menos regresivos relacionados con la creación de "enemigos" globales ficticios invitan a que se continúe con estas investigaciones.
Sociología:
Función de control. Aunque los distintos sustitutos propuestos para esta función se basan, en términos generales, sobre el modelo del Peace Corps, se nos presentan como ampliamente inadecuados en sus alcances potenciales aunque no deberían descartarse sin un estudio adicional. La esclavitud en una forma conceptualmente eufemizada y tecnológicamente moderna podría representar una institución más eficiente y flexible en este área.
Función motivacional. Aunque ninguno de los sustitutos propuestos para la guerra como el garante de la lealtad social pueda descartarse sin más , cada una presenta serias y especiales dificultades. Las amenazas ambientales intensificadas pueden aumentar los peligros ecológicos; la creación de mitos disociada de la guerra puede que no resulte políticamente factible; juegos y rituales de sangre que tengan un objetivo puntual resultan mucho más fáciles de diseñar que de implementar. Vale la pena considerar cuidadosamente una institución que combine esta función con la que le precede, aunque no la imite en un todo, basada sobre el antecedente de la represión étnica organizada .
Ecología. El único problema aparente en la aplicación de un adecuado sustituto eugenico a la guerra es el de los tiempos. No podrá realizarse hasta tanto la transición hacia la paz no se haya completado, lo que involucra el serio riesgo temporal de un desastre ecológico.
Cultura. Ningún sustituto plausible para esta función de la guerra ha sido aun propuesto. Podría ser, sin embargo, que un determinante de valores culturales básicos no sea necesario para la supervivencia de una sociedad estable.
Científico. Lo mismo podría decirse de la función de la guerra como movilizadora de la búsqueda del conocimiento. Sin embargo, la adaptación de un programa gigante de investigaciones espaciales, un programa integral de asistencia social o un programa maestro de control eugénico podría brindar la motivación suficiente para tecnologías limitadas.
Conclusiones generales
Resulta evidente de lo antedicho que ningún programa o combinación de programas aun propuesto para la transición hacia la paz se ha acercado ni siquiera remotamente a los requerimientos funcionales de un mundo sin guerra. Aunque un sistema proyectado para cumplir con las funciones económicas de la guerra parezca prometedor, no se puede expresar un optimismo similar en las áreas igualmente esenciales de la política y la sociología. Las otras principales funciones no militares de la guerra - ecológicas, culturales, científicas - presentan una problemática muy diferente pero al menos resulta posible que la programación detallada de sustitutos en estas áreas no constituya un requisito para la transición. Más importante aun, no es suficiente con desarrollar sustitutos adecuados pero separados para las funciones principales de la guerra; deben, en verdad, ser totalmente compatibles y de ninguna manera auto-cancelables.
Hasta tanto se desarrolle un programa unificado semejante, al menos hipotéticamente, resulta imposible para que éste o cualquier otro grupo brinde respuestas significativas a las preguntas que originalmente se nos presentaron. Cuando se nos pregunta cual sería la mejor manera de prepararnos para el advenimiento de la paz, debemos primero responder tan enfáticamente como sea posible, que no se puede responsablemente permitir que el sistema de guerra desaparezca hasta tanto:
(1) sepamos exactamente qué es lo que planeamos colocar en su lugar y.
(2) estemos seguros, más allá de cualquier duda razonable, de que estas instituciones sustitutivas servirán sus propósitos en términos de la supervivencia y estabilidad de la sociedad.
Sólo así habrá tiempo suficiente para desarrollar las metodologías para realizar la transición. La programación de los procedimientos deberá seguir y no preceder estas soluciones concretas.
Tales soluciones, si es que realmente existen, no serán logradas sin una revisión revolucionaria de los modos de pensamiento que hasta ahora se han considerado como apropiados para las investigaciones relacionadas con la paz. Que hayamos examinado las cuestiones fundamentales relacionadas con este tema de manera desapasionada, desde un punto de vista libre de valores, no debería implicar que no apreciemos las dificultades intelectuales y emocionales que deben ser superadas en todos los niveles del proceso decisorio antes de que estas preguntas sean reconocidas por todos por lo que realmente son. Las preguntas reflejan, en un nivel intelectual, la tradicional resistencia emocional a nuevas formas de armamento (mas letales y por ende "chocantes"). El comentario insuficientemente enfatizado del entonces Senador Hubert Humphrey respecto de la publicación del libro On Thermonuclear War (Sobre la Guerra Termonuclear), sigue siendo aun muy pertinente: "Nuevos pensamientos, particularmente aquellos que parecen contradecir las presunciones actuales, son siempre dolorosos para la mente al contemplarlos".
Tampoco minimizamos, por la sencilla razón de que no los hayamos abordado, la reconciliación masiva de intereses conflictivos sobre los que se presuponen acuerdos locales al igual que internacionales respecto de la manera de proceder hacia un proceso de paz semejante. Este factor fue excluido de nuestro análisis pero no pretendemos ignorar su incidencia. Aunque no existen obstáculos insuperables en el camino hacia el logro de semejantes acuerdos, sin embargo existen intereses firmemente establecidos y ampliamente reconocidos a corto plazo de grupos privados y otros de interés general, a favor del mantenimiento del sistema de guerra. La resistencia a que la paz surja de tales intereses es solo tangencial, a la larga, respecto de las funciones básicas de la guerra pero no serán fáciles de superar tanto en éste como en otros países. Algunos observadores, de hecho, consideran que no podrán superarse en absoluto en nuestros tiempos, y que el precio de la paz es simplemente demasiado elevado. Esto concuerda con nuestras conclusiones generales en lo que se refiere a los plazos para la transferencia hacia instituciones sustitutivas y puede que sea un factor critico en la viabilidad política de estos esquemas.
Resulta incierto saber en estos momentos si la paz será algún día posible. Resulta aun mucho más cuestionable, según el standard de la continuada supervivencia social en lugar de un pacifismo emocional, saber si un estado de paz semejante sería conveniente aun en el caso de que resultase lograble. El sistema de guerra, a pesar de toda su repugnancia subjetiva para importantes sectores de la "opinión publica", ha demostrado su efectividad desde el comienzo de la historia escrita; ha brindado las bases para el desarrollo de muchas civilizaciones durables e impresionantes, incluyendo aquella que hoy es dominante. Consistentemente, ha brindado prioridades sociales sin ambigüedades. En general, conforma una cantidad conocida. Un sistema viable de paz, presuponiendo que las grandes y complejas cuestiones de las instituciones sustitutivas planteadas en este informe resulten tener solución y que la misma sea hallada, aun así seguiría constituyendo un viaje hacia lo desconocido con el riesgo inevitable que se refiere a lo desconocido, independientemente de hasta qué punto esos factores desconocidos resulten controlables.
Los funcionarios de gobierno que adoptan decisiones tienden a elegir la paz sobre la guerra cada vez que una opción real semejante existe dado que usualmente parece ser la alternativa más "segura". En la mayoría de las circunstancias inmediatas, probablemente estén en lo cierto. Pero en términos de la estabilidad social a largo plazo, lo opuesto resulta verdadero. En nuestro estado actual de los conocimientos y a través de una inferencia razonable, resulta ser el sistema de guerra el que debe identificarse con la estabilidad y el sistema de paz con la especulación social, por más justificable que tal especulación resulte en términos de valores subjetivos morales o emocionales. Un físico nuclear alguna vez dijo respecto de un posible acuerdo de desarme: "Si pudiéramos cambiar el mundo por uno en el cual las armas no pudieran fabricarse, eso seria estabilizante. Pero todo acuerdo que podamos prever con los soviéticos sería desestabilizante." (44) La calificación y la subjetividad son igualmente irrelevantes; cualquier condicion de paz total genuina, se logre como se logre, sería desestabilizante hasta tanto se demuestre lo contrario.
Si resultase necesario en estos momentos optar irrevocablemente a favor de la retención o de la disolución del sistema de guerra, la prudencia básica aconsejaría el primer curso de acción. Pero esto aun no resulta necesario a pesar de lo tarde que pareciera ser. Y más factores deberán eventualmente ingresar dentro de la ecuación de guerra/paz que excederán las expectativas de las investigaciones más decididas en búsqueda de las instituciones alternativas para las funciones de la guerra. Un grupo de tales factores ha sido mencionado tan solo brevemente en este Informe; se centra sobre la posible obsolescencia del sistema de guerra en sí. Hemos observado, por ejemplo, las limitaciones del sistema de guerra en satisfacer sus funciones económicas y la importancia declinante de este aspecto de la guerra. No pueden dejarse de imaginar desarrollos comparables que podrían comprometer la eficacia de la guerra como, por ejemplo, controlador económico u organizador de la lealtad social. Este tipo de posibilidad, por más remota que parezca, sirve para recordarnos que todos los cálculos de contingencia no solamente implican sopesar un conjunto de riesgos contra otro, sino que requieren se deje un margen de error en ambas partes de la balanza.
Una razón más directa para proseguir con estas investigaciones en búsqueda de formas y medios alternativos para cumplir las funciones actuales de la guerra resulta estrechamente política. Es posible que una o más naciones soberanas arriben, a través de un liderazgo ambiguo, a una posición en la cual una clase administrativa gobernante pierda el control de la opinión publica básica, o de su habilidad para racionalizar una guerra deseada. No resulta difícil imaginar, en tales circunstancias, una situación en la que tal gobierno podría verse obligado a iniciar un proceso serio de desarme a gran escala (quizás provocado por alguna explosión nuclear "accidental") y que tales negociaciones puedan conducir a la real disolución de las instituciones militares. Como nuestro Informe indica claramente, esto sería catastrófico. Nos parece evidente que en caso de que una parte importante del planeta se viera inmersa, repentinamente y sin una alerta previa suficiente, en una condición de paz inadvertida, entonces una preparación parcial o inadecuada será mejor que ninguna. La diferencia podría ser critica. Los modelos considerados en el capitulo anterior con aquellos que parecen prometedores y aquellos que no lo parecen tienen una característica positiva en común y es su posibilidad inherente de aplicación en fases. Y a pesar de nuestras reservas respecto de avanzar conscientemente hacia procedimientos de transición hacia la paz sin una completa preparación, nuestro gobierno debe sin embargo estar preparado para moverse en esa dirección con los recursos limitados de planeamiento que tenga a su alcance en el momento correspondiente - si las circunstancias así lo requieren. Un enfoque arbitrario del tipo "todo o nada" no resulta más realista en el desarrollo de la programación de contingencias para la paz que para cualquier otro tema.
Pero la principal causa de preocupación sobre la continuada efectividad del sistema de guerra y la razón más importante para controlar y limitar el planeamiento para la paz yace en lo retrógrado de la actual programación del sistema de guerra. Sus controles no han mantenido el ritmo de los avances tecnológicos que ha hecho posible. A pesar de sus discutibles éxitos, hasta la fecha aun en este área de potencial sin precedentes para la destrucción masiva, se sigue operando principalmente sobre una base del laissez-faire. Según nuestro conocimiento, ningún estudio serio cuantificado ha sido jamas realizado para determinar, por ejemplo, lo siguiente:
Niveles óptimos de producción de armamentos a los efectos del control económico en cualquier serie de puntos cronológicos y bajo cualquier relación entre la producción civil y los patrones de consumo.
Factores de correlación entre las políticas de reclutamiento para la conscripción y la disidencia social medible;
Los niveles mínimos de destrucción poblacional necesarios para mantener una credibilidad de la amenaza de guerra bajo diversas condiciones políticas;
La frecuencia cíclica optima de guerras "calientes" bajo variables circunstancias de relación histórica.
Estos y otros factores de la función de guerra son íntegramente susceptibles de análisis con los sistemas de computación actualmente disponibles. Pero hasta el momento no han sido adecuadamente tratados. Las técnicas analíticas modernas han relegado hasta el momento tales aspectos de las funciones ostensibles de la guerra tales como el abastecimiento, la utilización del personal, el análisis de armamentos, etc. No es que deba exagerarse con este tipo de análisis pero si deploramos que no se haga una utilización de la capacidad de abordar esta problemática dentro de un ámbito más amplio. Nuestra preocupación por la eficiencia en este contexto no es estético, económico o humanístico. Surge del axioma de que ningún sistema puede sobrevivir durante mucho tiempo, tanto en sus niveles de input ("entradas") como en los de output ("salidas"), que constante o sustancialmente se desvíe de un rango optimo . A medida en que los datos crecen en sofisticación, el sistema de guerra y sus funciones se ven crecientemente amenazados por tales desvíos.
Una ultima conclusión entonces sería que será necesario para nuestro gobierno planificar con profundidad para dos contingencias generales. La primera que es la que se refiere a la posibilidades de una paz general viable; la segunda es la continuación exitosa del sistema de guerra. En nuestra opinión, una preparación cuidadosa para la posibilidad de la paz debería continuarse, no porque tomemos la postura de que el fin de la guerra sería necesariamente deseable, si es que resulta posible, sino porque puede que nos sea impuesta de alguna manera, estemos listos para ella o no. El planeamiento para racionalizar y cuantificar el sistema de la guerra, por otra parte, asegurará la efectividad de sus principales funciones estabilizadoras lo que no solo resulta más prometedor en relación a los resultados previstos sino que resulta esencial. No podemos dar por sentado que seguirá sirviendo bien a nuestros propósitos por el solo hecho de que así lo ha venido haciendo desde hace mucho tiempo. El objetivo de la política gubernamental respecto de la guerra y de la paz en este periodo de incertidumbre debe ser preservar la máxima cantidad de opciones. Las recomendaciones que siguen están orientadas hacia este fin.
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