martes, 17 de agosto de 2010

El Informe IRON MOTAIN Sección 3 - Escenarios de Desarme

En esta sección examinaremos brevemente algunas de las características comunes a los estudios que han sido publicados y que se relacionan con algún aspecto del impacto que previsiblemente produciría el desarme sobre la economía (norte)americana. Ya sea que se considere al desarme como un resultante de la paz o como su precondición, en cualquiera de los dos casos su efecto sobre la economía nacional será el que más hará sentir sus consecuencias. La calidad cuasi-medible de las manifestaciones económicas ha dado lugar a una especulación más detallada en este área que en cualquier otra.

Existe un consenso general respecto de los problemas económicos más importantes que ocasionaría el desarme general. Una evaluación breve de estos problemas, en lugar de una crítica detallada de su importancia comparativa, resulta suficiente a los efectos del presente Informe.

El primer factor se refiere al tamaño. La "industria mundial de la guerra" como acertadamente la describe un escritor (8) insume aproximadamente un 10% de la producción total de la economía mundial. Aunque esta cifra está sujeta a fluctuaciones, cuyas causas a su vez se encuentran sujetas a variaciones regionales, su tendencia se mantiene relativamente estable. A los Estados Unidos, como la nación más rica del mundo, no solo le corresponde la proporción más grande de este gasto, actualmente de más de U$S 60.000.000.000 por año, sino que también "...ha aplicado una proporción (nuestro énfasis) mayor de su producto bruto interno a su estructura militar que cualquier otra nación importante del mundo libre. Esto era así aun antes de que nuestros gastos se vieran incrementados en el sudeste Asiático." (9) Los planes para una reconversión económica que minimice la magnitud del problema, tan solo pretenden lograrlo a través de la racionalización - por más persuasiva que sea - del mantenimiento de un presupuesto militar residual bastante substancial bajo alguna clasificación eufemística.

La reconversión del gasto militar hacia otros objetivos conlleva una serie de dificultades. La más seria surge del grado de especialización rígida que caracteriza a la producción bélica moderna, lo que se ve mejor ejemplificado en la tecnología nuclear y misilística. Esto no constituyó ningún problema fundamental tras la Segunda Guerra Mundial, como tampoco la cuestión de la demanda del consumidor en el mercado libre por ítems "convencionales" de consumo - o sea, aquellos bienes y servicios que los consumidores ya se habían visto condicionados a requerir. La situación actual es cualitativamente diferente en ambos aspectos.

La inflexibilidad es geográfica y ocupacional, como así también industrial, un hecho que ha conducido a la mayoría de los analistas del impacto económico del desarme a focalizar su atención sobre planes en fases para la reubicación del personal de la industria bélica y de sus instalaciones, como así también sobre propuestas para el desarrollo de nuevos patrones de consumo. Una seria falla común a ambos planes es del tipo de lo que en las ciencias naturales se denomina el "error macroscópico". Se hace una presunción implícita de que un plan nacional integral para la reconversión difiere de un programa comunitario para hacerle frente al cierre de una "instalación de defensa" tan sólo en sus alcances. No encontramos ninguna razón para creer que ello sea así, ni que una ampliación general de semejantes programas locales - por más bien que se los diseñe en términos de viviendas, re-entrenamiento ocupacional y esquemas semejantes - pueda ser aplicado a escala nacional. Una economía nacional puede absorber prácticamente cualquier número de reorganizaciones subsidiarias dentro de sus limites totales, siempre y cuando no exista ninguna modificación básica en su propia estructura. El desarme general, que requeriría tales cambios básicos, no se presta a ninguna analogía válida a una escala menor.

Aun más cuestionables resultan los modelos propuestos para el re-entrenamiento de las fuerzas laborales para orientarlas hacia ocupaciones no-armamentistas. Dejando de lado por el momento las cuestiones no resueltas relacionadas con los nuevos patrones de distribución - re-entrenamiento, ¿para qué? - las capacitaciones crecientemente especializadas en los conocimientos laborales asociados con la producción de la industria bélica se ven depreciados aun más por las cada vez más rápidas incursiones de las técnicas industriales descriptas, en términos generales, como la "automatización". No resulta excesivo decir que el desarme general requeriría dejar sin efecto una proporción critica de las especialidades ocupacionales más desarrolladas de la economía. Las dificultades políticas inherentes a semejante "ajuste" harían que las críticas que se escucharon en 1964 tras el cierre de un par de instalaciones militares y navales obsoletas, suenen como meros murmullos.

En términos generales, el análisis de la problemática relacionada con la reconversión ha sido caracterizado por la resistencia a reconocer sus características especiales. Esto se ejemplifica mejor en el informe reproducido en 1965 por el Comité Ackley. (10) Sintomáticamente, un crítico ha señalado que se asume ciegamente que ".....nada existe en la economía de armamentos - ni su envergadura, ni su concentración geográfica, ni su naturaleza altamente especializada, ni las peculiaridades de sus mercados, ni la naturaleza especial de gran parte de su fuerza laboral - que le otorgue una característica única cuando llegue el momento de los necesarios ajustes." (11)

Supongamos, sin embargo, que los problemas observados precedentemente pueden ser resueltos, a pesar de la falta de evidencia de que un programa viable de reconversión pueda desarrollarse dentro del marco de la actual economía. ¿Qué se ha propuesto para utilizar las capacidades productivas que el desarme presumiblemente liberaría?

La teoría más comúnmente sostenida es que simplemente la reinversión económica general absorbería la mayor parte de estas capacidades. Aunque hoy ya se da por sentado (aun por el equivalente actual de los economistas tradicionales del laissez-faire), que la asistencia gubernamental sin precedentes (y el correspondiente control gubernamental) serán requeridos para resolver los problemas estructurales de una transición semejante, una actitud general de confianza prevalece en el sentido de que nuevos patrones de consumo absorberán cualquier desfasaje. Lo que resulta menos claro es cuál será la naturaleza de estos nuevos patrones.

Una escuela de economistas sostiene que estos patrones se desarrollarán por sí solos. Presupone algo así como si el equivalente del presupuesto en armamentos se devolviese al consumidor bajo un cuidadoso control a través de una reducción de impuestos. Otra, que reconoce la necesidad indiscutible de incrementar el "consumo" en lo que usualmente se considera el sector publico de la economía, enfatiza el enorme incremento en gastos estatales en áreas de interés nacional tales como salud, educación, transporte masivo, viviendas de bajo costo, provisión de agua, control del ambiente físico y, en términos generales, la "pobreza".

Los mecanismos propuestos para controlar la transición hacia una economía libre de armas también son tradicionales: cambios en ambos lados del presupuestos federal, manipulación de la tasa de interés, etc. . Reconocemos el innegable valor de las herramientas fiscales en el ciclo normal de la economía, sobre la que brindan un elemento de control para acelerar o demorar una tendencia existente. Sus proponentes más comprometidos, sin embargo, tienden a perder de vista el hecho de que existe un limite al poder de estas herramientas para influir sobre las fuerzas económicas fundamentales. Pueden brindar nuevos incentivos dentro de la economía pero no pueden por si mismas transformar la producción anual de U$S 1.000.000.000 en misiles en su equivalente en alimentos, vestimentas, viviendas prefabricadas o televisores. En última instancia, reflejan la economía pero no la motivan.

Analistas más sofisticados y menos sanguíneos contemplan el desvío del presupuesto en armamentos hacia un sistema no-militar igualmente remoto de la economía de mercado. Lo que los "constructores de pirámides" a menudo sugieren es que se expandan los programas de investigaciones espaciales al nivel en dólares de los actuales gastos en materia de armamentos. Este enfoque tiene el mérito superficial de reducir el tamaño del problema de la transferibilidad de los recursos, pero introduce otras dificultades que evaluaremos en la sección 6.

Sin pretender criticar a ninguno de los varios estudios principales que se han realizado respecto del previsible impacto del desarme sobre la economía, podemos sintetizar nuestras objeciones a los mismos, en términos generales como sigue:

1) Ninguna propuesta de un programa de reconversión económica hacia el desarme toma lo suficientemente en cuenta la magnitud sin precedentes que implicarían los necesarios ajustes.

2) Propuestas para transformar la producción de armas en un esquema beneficioso de obras publicas configuran más bien productos de intenciones de deseo, que una comprensión realista acerca de los limites de nuestro actual sistema económico.

3) Las medidas fiscales y monetarias resultan inadecuadas como controles del proceso de transición hacia una economía libre de armamentos.

4) Se ha prestado insuficiente atención a la aceptabilidad política de los objetivos de los modelos de reconversión propuestos, como así también de los medios políticos a ser empleados para llevar a cabo semejante transición.

5) No se ha dado ninguna consideración seria en ninguna propuesta de reconversión a las funciones fundamentales no-militares de la guerra y de los armamentos en la sociedad moderna, ni tampoco se ha realizado ninguna intención explícita de diseñar un sustituto viable para las mismas. Esta crítica se desarrollará en mayor detalle en las secciones 5 y 6.

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