martes, 17 de agosto de 2010

El Informe IRON MONTAIN, Seccion I.

Sección 1 - Ámbito del Estudio

Cuando el Grupo de Estudios Especiales fue formado en Agosto de 1963, se instruyó a sus miembros a regir sus deliberaciones según un criterio basado en tres principios. Descriptos brevemente, éstos fueron:

(1) objetividad de corte militar,

(2) evitar presunciones de valor preconcebidas,

(3) incluir todas las áreas relevantes de teoría e información.

Estas guías no son de manera alguna tan obvias como podría parecer a primera vista y consideramos que resulta necesario indicar claramente en qué forma influirían sobre nuestro trabajo. Ya que expresan sucintamente las limitaciones de los "estudios para la paz" anteriores e implican la naturaleza de la insatisfacción, tanto del gobierno como de círculos no oficiales, con estos esfuerzos anteriores. No es nuestra intención minimizar la importancia del trabajo de nuestros predecesores o de disminuir la calidad de sus contribuciones. Lo que hemos procurado lograr, y creemos haberlo hecho, es ampliar el ámbito dentro del cuál incurrieron. Esperamos que nuestras conclusiones puedan servir, a su vez, como un punto de partida para examinaciones aun más amplias y más detalladas de todos los aspectos de los problemas planteados por la transición hacia la paz y de las preguntas que deben ser respondidas antes de que se pueda permitir que semejante transición sea llevada a cabo.

Es un hecho que la objetividad es antes una intención expresada que una actitud lograda, pero esa intención - consciente, sin ambigüedad y constantemente autocrítica - conforma una precondición para su logro. Consideramos que no es ningún accidente que se nos instruyera utilizar un modelo de "contingencia militar" para nuestro estudio y tenemos una deuda considerable con las agencias civiles de planeamiento bélico, debido a su trabajo de pioneros en la examinación objetiva de las contingencias atinentes a una guerra nuclear. No existe un antecedente semejante en el estudio de la paz. Por ejemplo, gran parte de la utilidad de los programas más elaborados y cuidadosamente diseñados de conversión económica para la paz, se han visto opacados por el deseo de probar que la paz no solamente es lograble sino que resulta barata y fácil. Un informe oficial en particular se encuentra repleto de referencias al rol crítico del "optimismo dinámico" en relación a los desarrollos económicos y pretende someter como evidencia el hecho de que "resultaría difícil imaginar que el pueblo (norte)americano no respondiera favorablemente a un programa acordado y asegurado para implantar un esquema de ley y orden internacional."(1)Otro argumento frecuentemente adoptado es que el desarme acarrearía relativamente poca disrupción de la economía dado que solo necesita ser parcial; nos referiremos a este enfoque más adelante. Sin embargo, si se aplica una objetividad genuina en estudios de la guerra, entonces se la suele criticar como inhumana. Como dijera Herman Kahn, el escritor de estudios estratégicos mejor conocido por el publico en general, "Los críticos a menudo objetan la gélida racionalidad del Hudson Institute, de la Rand Corporation y de otras organizaciones semejantes. Siempre me veo tentado a preguntar "¿Preferiría usted un error humano y cálido? ¿Se sentiría mejor con un lindo y emotivo error?" (2) Y como ha señalado el Secretario de Defensa, Robert S McNamara, (3) al referirse a la necesidad de enfrentar la posibilidad de una guerra nuclear, "Cierta gente tiene miedo de hasta asomarse a la cornisa. Pero en una guerra termonuclear no podemos darnos el lujo de cualquier acrofobia política." (4) Debería resultar obvio que esto se aplica también a la posibilidad opuesta, pero hasta el momento nadie ha dado más que un tímido vistazo por sobre la cornisa de la paz.

La intención de evitar juicios de valor preconcebidos hasta puede convertirse en un factor generador de cierto auto-engaño. Nosotros, como individuos, no pretendemos disfrutar de ninguna inmunidad de este tipo de subjetividad, pero hemos realizado un esfuerzo auto-conciente continuo para abordar la problemática de la paz sin, por ejemplo, considerar que una condición de paz es, por si misma, ni "buena" ni "mala". Esto no ha sido fácil, pero ha resultado obligatorio; que nosotros sepamos esto nunca había sido hecho anteriormente. Estudios previos han tomado la conveniencia de la paz, la importancia de la vida humana, la superioridad de las instituciones democráticas, el mayor "bien" para el mayor numero de personas, la "dignidad" del individuo, la conveniencia de la máxima salud y longevidad, y otras premisas deseables, como si fueran valores axiomáticos, necesarios para la justificación de un estudio sobre temas relacionados con la paz. Nosotros no hemos hallado que esto sea así. Hemos procurado aplicar los standards de las ciencias físicas a nuestro proceso intelectual, la principal característica de las cuales no es la cuantificación, como se cree popularmente, sino el hecho de que - como lo indica Whitehead, ".....ignora todo juicio de valor; por ejemplo, todo juicio estético o moral". (5) Sin embargo, resulta obvio que cualquier investigación seria de un problema, por más "pura" que sea, debe conformarse a algún standard normativo. En este caso, esto ha sido simplemente la supervivencia de la sociedad humana en general y de la sociedad (norte)americana en particular y, como un corolario a la supervivencia, la estabilidad de dicha sociedad.

Consideramos que resulta interesante señalar que los planificadores más desapasionados de estrategias nucleares también reconocen que la estabilidad de la sociedad es precisamente el valor fundamental que no puede ser ignorado. El Secretario McNamara ha defendido la necesidad de lograr la superioridad nuclear (norte)americana basándose en la premisa de que "torna posible una estrategia diseñada para preservar la fibra básica de nuestras sociedades en el caso de que se produjera una guerra". (6) Un ex-miembro del equipo de planeamiento de políticas del Departamento de Estado va aún más lejos: "Una palabra más exacta para la paz, en términos del mundo práctico, es la estabilidad....Hoy en día, las grandes amenazas nucleares resultan ser elementos esenciales para la estabilidad que actualmente existe. Nuestro objetivo actual debe ser continuar con el proceso de aprender a convivir con ellos." (7) Nosotros, obviamente, no equiparamos la estabilidad con la paz, pero la aceptamos como el objetivo individual en común, tanto de la paz como de la guerra.

El tercer criterio - la amplitud - nos ha conducido aún más lejos en relación a los demás estudios sobre la paz realizados hasta hoy. Resulta obvio para cualquier persona que los patrones económicos en un mundo sin guerra serán drásticamente diferentes de aquellos por los que nos regimos en la actualidad y es también obvio que las relaciones políticas entre las naciones no serán aquellas que hemos aprendido a dar por sentado y que a veces se describen como una versión globalizada del sistema dialéctico que rige en nuestro sistema jurídico. Pero las implicancias sociales de la paz se extienden mucho más allá de sus efectos putativos sobre las economías nacionales y las relaciones internacionales. Como demostraremos, la relevancia de la paz y de la guerra sobre la organización política interna de las sociedades; sobre las relaciones sociológicas de sus miembros, sus motivaciones psicológicas y los procesos ecológicos; y sobre los valores culturales resultan también profundos. Más importante aún, son también críticos para determinar las consecuencias de la transición hacia la paz y en determinar si semejante transición resulta factible en absoluto.

No debe sorprendernos que estos factores menos obvios hayan sido generalmente ignorados por las investigaciones realizadas sobre la paz. No se han abocado a un análisis sistemático. Ha sido difícil, quizás imposible, medir con algún grado de certeza la confiabilidad de las estimaciones de sus efectos. Se trata de factores "intangibles", pero solo en el sentido en que los conceptos abstractos en las matemáticas son intangibles por comparación con aquellos que pueden ser cuantificados. Los factores económicos, por otra parte, pueden ser medidos, al menos en la superficie; y las relaciones internacionales pueden ser verbalizadas - como el derecho - en un conjunto de secuencias lógicas.

Nosotros no pretendemos haber descubierto un sistema infalible de medir estos otros factores o de atribuirles un peso especifico preciso en la ecuación relacionada con esta transición. Pero estimamos haber tomado en cuenta su importancia relativa con el siguiente alcance: las hemos sacado de la categoría de lo "intangible", por lo que serían sistemáticamente sospechosas y, por ende, de un valor secundario. El resultado, creemos, brinda un contexto de realismo para poder abordar los temas relacionados con la posible transición hacia la paz que ha faltado hasta hoy.

Esto no significa que presumamos de haber encontrado las respuestas que estábamos buscando. Pero consideramos que nuestro énfasis sobre la amplitud del ámbito ha tornado posible que, por lo menos, empecemos a comprender cuales son las preguntas que deben plantearse.

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