martes, 17 de agosto de 2010

EE.UU sigue siendo Colonia Britanica

George Bush desciende directo de Grodofedo de Boullion. El Duque Boullion sirvió al Papa Gregorio VII.
G. Bush esta vinculado a la Monarquía Europea, siendo primo decimotercero de la reina Elizabeth y el príncipe Carlos. Esta emparentado con cada miembro de la familia Real Británica y la Casa Windsor, quien financio a Hitler para alzarse con el poder. Lo cual desencadeno la II Guerra Mundial. Cada uno de los presidentes de EE.UU. , sin excepción, esta vinculado con la línea de sangre de la Monarquía Británica. El 20 de diciembre de 1993, G H. W. Bush fue nombrado Caballero de la Gran Cruz, la más alta distinción, por la Reina de Inglaterra, en recompensa por su liderazgo en la Guerra del Golfo. Esto demuestra que el poder político prevalece en unas pocas líneas de sangre.

El I.R.S.Ministerio de Hacienda de EE.UU.

EL IRS

El 22 de enero de 1783 el Congreso de EE.UU. ratifico los contratos, indicando que todas las cuentas de credito, pagos, prestamos y todas las deudas contraidas por o bajo la autoridad del Congreso antes de la formación de los EE.UU. en la prosecución de la actual Confederación deberán ser procesadas y consideradas una carga contra los EE.UU. para su pago y satisfacción, donde los EE.UU. y la fe publica se comprometían por este medio solemnemente. La parte a la que EE.UU. debía estos cargos era el Rey George de Gran Bretaña. Esto explica como Gran Bretaña financio ambos lados de la Revolución. Gran Bretaña ha estado recogiendo impuestos de los EE.UU. hasta nuestros días por la I.R.S. La I.R.S. (Hacienda Publica de EE.UU.) no es una agencia exclusiva de EE.UU. , basta leer la publicación 6209 sobre la I, R.S.. La F.C.C., La CIA, El FBI, y la NASA. Nunca formaron parte total del Gobierno de los EE.UU. El Gobierno de EE.UU. solo controla una porción de los recursos de varias agencias. Los números de la seguridad social son publicados por la ONU a través del FMI. La guerra civil de 1861 y 1865 fue instigada también por Amschel Roshchild, para dividir a los EE.UU. y forzar su deuda con el Banco Central. El objetivo era poner de vuelta a los EE.UU. en manos de Gran Bretaña, con los enormes prestamos necesarios para adquirir municiones del exterior, para hacerlo era fundamental poner un debate controvertido sobre la mesa, tal como era la esclavitud, la declaración de la indepencia de los EE.UU. fue creada a pesar del malestar de los Estados del Sur, que dependían de la mano de obra esclava, y fue firmada por 35 masones de los cuales 33 eran masones libres.
Con la ayuda del New York Times, Jhon Brown se convirtió en el heroe del movimiento antiesclavista.

El Informe IRON MONTAIN Sección 8 - Recomendaciones

Sección 8 - Recomendaciones

(1) Proponemos el establecimiento bajo una orden ejecutiva del Presidente, de una Agencia de Investigaciones de Guerra y Paz permanente, con el poder y el mandato de ejecutar los programas indicados en los puntos (2) y (3) más abajo. Esta agencia (a) será provista con fondos suficientes para implementar sus responsabilidades y decisiones a su propia discreción, y (b) tendrá la autoridad necesaria para utilizar sin restricción cualquier facilidad del ejecutivo del gobierno en la búsqueda de estos objetivos. Será organizada según los lineamientos del Consejo Nacional de Seguridad salvo que ningún miembro de su personal regidor, ejecutivo u operativo tendrá cargo público alguno o responsabilidad gubernamental directa. Su directorio provendrá del más amplio espectro de disciplinas científicas, estudios humanistas, artes creativas aplicadas, tecnologías operativas y otras ocupaciones profesionales a determinar. Será responsable tan solo ante el Presidente u otros funcionarios temporariamente indicados por el mismo. Sus operaciones serán gobernadas por sus procedimientos internos. Su autoridad incluirá expresamente el derecho ilimitado de retener información sobre sus actividades a cualquier persona salvo el Presidente, cuando estime que manener un secreto semejante sea en el interés del publico.

(2) La primera de las dos principales responsabilidades de la Agencia de Investigaciones de Guerra y Paz será determinar todo lo que sea factible, incluyendo lo que pueda ser razonablemente inferido en términos de posibilidades estadísticas relevantes, acerca de una eventual transición hacia una situación general de paz. Las conclusiones de este Informe podrán considerarse como que constituyen el comienzo de estos estudios e indican su orientación; registros detallados de estas investigaciones y conclusiones del Grupo de Estudios Especiales sobre el cual este Informe se basa, serán provistos por la Agencia junto con todo otro dato que se estime necesario. Este aspecto del trabajo de la agencia será denominado como "Investigaciones para la Paz".

Las actividades de Investigaciones para la Paz de la Agencia incluirán necesariamente, pero no se limitaran a las siguientes:

(a) el desarrollo creativo de posibles instituciones sustitutivas para las principales funciones no-militares de la guerra.

(b) el cuidadoso ensamble de tales instituciones con los criterios sintetizados en este Informe a medida que sean refinados, revisados y ampliados por la Agencia.

(c) la prueba y evaluación de las instituciones sustitutivas para determinar su aceptabilidad, factibilidad, y credibilidad en comparación con condiciones hipotéticas de transición y de posguerra; la prueba y evaluación de los efectos de la atrofia prevista de ciertas funciones no sustituidas.

(d) el desarrollo y prueba de la correlatividad de múltiples instituciones sustitutivas con el eventual objetivo de establecer un programa integral de sustitutos compatibles a la guerra para una transición planeada hacia la paz, si esto resultara posible y posteriormente considerado deseable por las correspondientes autoridades políticas.

(e) la preparación de una amplia agenda de programas de ajuste parciales, no-correlacionados e intensivos, adecuados para reducir los peligros inherentes a la transición no planeada hacia la paz por razones de fuerza mayor.

Los métodos de Investigación para la Paz incluirán pero no serán limitados a los siguientes:

(a) la aplicación integral e interdisciplinaria de datos históricos, científicos, tecnológicos y culturales.

(b) La utilización completa de los métodos modernos de modelos matemáticos, análisis analógicos y otras más sofisticadas técnicas cuantitativas en curso de desarrollo que sean compatibles con la programación por computadoras.

(c) procedimientos heurísticos de "juegos de paz" desarrollados durante el curso de sus tareas por el Grupo de Estudios Especiales y sus adicionales extensiones de este enfoque básico para la prueba de funciones institucionales.

(3) La otra principal responsabilidad de la Agencia de Investigaciones de Guerra y Paz se referirá a "Investigaciones sobre la Guerra". Su objetivo fundamental será asegurar la continuada viabilidad del sistema de guerra para dar cumplimiento a sus funciones esenciales no-militares durante todo el tiempo en que el sistema de guerra se considere necesario o deseable para la supervivencia de la sociedad. Para lograr este objetivo, los grupos de Investigaciones para la Guerra dentro de la Agencia se involucrarán en las siguientes actividades:

(a) Cuantificación de la aplicación existente de las funciones no-militares de la guerra. Determinaciones especificas incluirán pero no serán limitadas a:

(1) el monto bruto y la proporción neta de los gastos militares no productivos desde la segunda Guerra Mundial que hayan sido asignados a la necesidad de la guerra como una estabilizador económico.

(2) el monto y proporción de los gastos militares y destrucción de vida, propiedad y recursos naturales durante el periodo bajo estudio por la necesidad de la guerra como un instrumento de control político.

(3) similares cifras en la medida en que puedan evaluarse separadamente respecto de la necesidad de la guerra para mantener la cohesión social;

(4) niveles de reclutamiento y de gastos de conscripción y otras formas de utilización de personal atribuible a la necesidad de las instituciones militares para controlar la desafección social

(5) relaciones estadísticas de bajas de guerra versus recursos alimentarios.

(6) la correlación de las acciones militares y los gastos con las actividades culturales y los adelantos científicos (incluyendo necesariamente el desarrollo de standards de medición en estas áreas).

(b) El establecimiento de criterios modernos apriorísticos para la ejecución de las funciones no-militares de la guerra. Estas incluirán pero no serán limitadas a:

(1) el cálculo de los rangos mínimos y óptimos del gasto militar requerido bajo diversas condiciones hipotéticas para cumplir estas diversas funciones separada y colectivamente.

(2) la determinación de los niveles mínimos y óptimos de destrucción de vida, propiedad y recursos naturales como requisito para lograr la credibilidad de una amenaza externa, lo que resulta esencial para funciones políticas y motivacionales.

(3) el desarrollo de fórmulas de negociación que rijan las relaciones entre el reclutamiento militar y las políticas de entrenamiento y exigencias del control social.

(c) Reconciliación de estos criterios con las limitaciones prevalecientes en materia económica, política, sociológica y ecológica. El objetivo final de esta fase de Ias investigaciones sobre la Guerra será racionalizar las operaciones hasta ahora informales del sistema de guerra. Debería brindar procedimientos prácticos y operacionales a través de los cuales la correspondiente autoridad gubernamental pueda resolver los siguientes problemas de la función de guerra - entre otros - bajo cualquier circunstancia:

(1) cómo determinar la cantidad, naturaleza y cronograma optimo de gastos militares para asegurar un grado de control económico deseado.

(2) cómo organizar el reclutamiento, utilización y uso ostensible del personal militar para asegurar el grado de aceptación de los valores socialmente autorizados deseados.

(3) cómo calcular en el corto plazo la naturaleza y extensión de la pérdida de vida y de otros recursos que debería sufrirse y/o infligirse durante cualquier explosión individual de hostilidades para lograr el grado deseado de autoridad política interna y lealtad social

(4) cómo proyectar a largo plazo, la naturaleza y calidad de guerra abierta que debe ser planificada y presupuestada para lograr el grado deseado de estabilidad contextual para ese mismo propósito; los factores a determinar deben incluir la frecuencia de ocurrencia, la extensión en el tiempo, la intensidad de la destrucción física, la amplitud del ámbito geográfico involucrado y el nivel optimo medio de pérdida de vida

(5) como extrapolar con precisión, de lo antedicho y a los efectos ecológicos, el efecto continuado del sistema de guerra sobre ciclos extendidos semejantes sobre las presiones poblacionales y prever el ajuste del planeamiento de las correspondientes tasas de bajas.

Los procedimientos de Investigación para la Guerra necesariamente incluirán pero no serán limitados a:

(a) la reunión de datos económicos, militares y otros relevantes en términos uniformes, que permitan su traducción reversible de categorías discretas de información.

(b) el desarrollo y aplicación de fórmulas apropiadas de análisis de efectividad de costos adecuadas para su adaptación a nuevos sistemas de terminología informática, programación y proyección.

(c) la ampliación de la metodología de los "juegos de guerra" para probar sistemas que se aplicarán a las funciones no-militares de la guerra.

(4) dado que ambos programas de la Agencia de Investigaciones de la Guerra y Paz compartirán un mismo propósito - el mantener la libertad de elección del gobierno respecto de la guerra y la paz hasta que la dirección de la supervivencia social no esté más en duda - resulta esencial para esta propuesta que la Agencia se constituya sin limitación en el tiempo. Su examinación de las instituciones actuales y propuestas será auto-liquidante una vez que su propia función se haya visto superada por los desarrollos históricos que, al menos en parte, habrá ayudado a iniciar.

El Informe IRON MONTAIN Sección 7 - Síntesis y conclusiones

Sección 7 - Síntesis y conclusiones

La Naturaleza de la Guerra

La guerra no es, como se presume a menudo, primariamente un instrumento de política utilizado por las naciones para extender o defender sus valores políticos expresados o sus intereses económicos. Por el contrario, conforma en sí misma la base principal de la organización sobre la cual todas las sociedades modernas se asientan. La causa próxima común de la guerra es la aparente interferencia de una nación con las aspiraciones de otra. Pero en la raíz de todas las diferencias ostensibles del interés nacional yacen los requerimientos dinámicos del sistema de guerra en sí, que requiere del conflicto armado periódico. La preparación para la guerra caracteriza a los sistemas sociales contemporáneos más ampliamente que las estructuras económicas y políticas que se le subordinan.

Los análisis económicos de los problemas previsibles de una transición hacia la paz no han reconocido la preeminencia general de la guerra en la definición de los sistemas sociales. Lo mismo es verdad, con solo raras y parciales excepciones, en relación a los "escenarios" de modelos de desarme. Por esta razón, el valor de los trabajos previos se limita a proponer los aspectos mecánicos de semejante transición. Ciertas características de estos modelos podrían posiblemente ser de aplicación a una situación real de conversión hacia la paz; esto dependerá de su compatibilidad con un plan de paz sustantiva en lugar de uno que sea meramente de procedimiento. Semejante plan podrá ser desarrollado únicamente desde una premisa que implique una comprensión completa de la naturaleza del sistema de guerra que se propone abolir, lo que - a su vez- presupone una comprensión detallada de las funciones que el sistema de guerra cumple para la sociedad. Requerirá la construcción de un sistema detallado y factible de sustitutos para aquellas funciones que resultan necesarias para la estabilidad y supervivencia de las sociedades humanas.

Las funciones de la guerra

La función visible y militar de la guerra no requiere de ninguna aclaración; no solo resulta obvia sino que es irrelevante para una transición hacia una condición de paz en la que, por definición, se convertiría en superflua. A su vez, resulta subsidiaria en su significado social a las funciones implícitas y no-militares de la guerra; aquellas funciones que resultan críticas para semejante transición pueden ser sintetizadas en cinco agrupamientos generales.

1. Económicas. La guerra ha brindado, tanto a las sociedades antiguas como a las modernas, de un sistema confiable para estabilizar y controlar las economías nacionales. No se ha probado ningún sistema alternativo dentro de una economía compleja moderna que haya demostrado ser ni remotamente comparable en alcance y efectividad con el mismo.

2. Políticas. La posibilidad permanente de la guerra es un elemento fundamental para lograr un gobierno estable; brinda la base para una aceptación general de la autoridad política. Ha permitido a las sociedades mantener las necesarias distinciones de clase y ha asegurado la subordinación del ciudadano al estado en virtud de los poderes residuales de la guerra, inherentes al concepto de la nacionalidad. Ningún grupo moderno en el poder ha controlado con éxito a sus ciudadanos tras haber fallado en el sostenimiento de una credibilidad continua respecto de una amenaza externa de guerra.

3. Sociológicas. La guerra, a través del medio de las instituciones militares, ha servido de manera única a las sociedades a través de toda la historia conocida, como un controlador indispensable de las peligrosas disidencias sociales y las tendencias antisociales destructivas. Como el controlador más formidable de las amenazas a la vida misma y como el único susceptible de verse mitigado por la organización social, también ha desempeñado un rol igual de fundamental: el sistema de guerra ha brindado los mecanismos a través de los cuales las fuerzas motivacionales que gobiernan el comportamiento humano se han visto traducidos en una lealtad social aglutinante. De esta manera, ha asegurado el necesario grado de cohesión social para que las naciones sean viables. Ninguna otra institución o grupo de instituciones en las sociedades modernas ha desempeñado estas funciones en forma exitosa.

4. Ecológicas. La guerra ha sido el principal mecanismo evolutivo para mantener un equilibrio ecológico satisfactorio entre la población humana bruta y los recursos disponibles para su supervivencia. Es un caso único de la especie humana.

5. Culturales y científicas. La orientación guerrera ha determinado los standards básicos de valor en las artes creativas y ha brindado la fuente principal de motivación para el progreso científico y tecnológico. Los conceptos de que las artes expresan valores independientemente de sus propias formas y que la búsqueda exitosa del conocimiento tiene un valor social intrínseco ha sido aceptado desde hace mucho tiempo en las sociedades modernas. El desarrollo de las artes y de la ciencia durante este período ha sido un corolario al desarrollo paralelo de los armamentos.

Sustitutos para las funciones de la guerra: criterios.

Las funciones de la guerra previamente expuestas son esenciales para la supervivencia de los sistemas sociales como los conocemos hoy en día. Con dos posibles excepciones, también resultan esenciales para cualquier tipo de organización social estable que pudiera sobrevivir en un mundo sin guerra. Analizar las maneras y medios para lograr una transición hacia un mundo semejante no tendría sentido a no ser que:

(a) puedan ser diseñadas instituciones sustitutivas para cumplir con estas funciones, o

(b) pueda comprobarse la hipótesis de que la pérdida parcial o total de cualesquiera de estas funciones no necesariamente destruirá la viabilidad de las futuras sociedades.-

Semejantes sociedades e hipótesis sustitutivas deben cumplir diversos criterios. En términos generales, deben ser técnicamente factibles, políticamente aceptables y potencialmente creíbles para los miembros de las sociedades que pretendan adoptarlas. Específicamente, deben caracterizarse de la siguiente manera:

1. Económicos. Un sustituto económico aceptable para el sistema de guerra requerirá que se utilicen recursos para propósitos integramente productivos a un nivel comparable al de los gastos militares que requiere cada sociedad según su tamaño y complejidad. Semejante sistema sustitutivo de aparente "desperdicio" debe ser de una naturaleza que le permita mantenerse independiente de la economía normal de oferta y demanda; debe estar sujeta a un control político arbitrario.

2. Políticos. Un sustituto político viable de la guerra debe identificar una amenaza externa generalizada para cada sociedad de una naturaleza y de un grado lo suficientemente importantes como para justificar la organización y aceptación de una autoridad política.

3. Sociológicos. En primer termino, en la total ausencia de la guerra, deberán desarrollarse nuevas instituciones que puedan controlar en forma efectiva los segmentos destructivos de las sociedades. En segundo término, con el propósito de adaptar las dinámicas físicas y psicológicas del comportamiento humano a las necesidades de la organización social, un sustituto creíble de la guerra debe generar un miedo de destrucción personal omnipresente y fácilmente comprensible. Este miedo debe ser de una naturaleza y de un grado suficientes como para asegurar la adherencia una totalidad de valores sociales, en la medida en que son reconocidos como transcendentales al valor de la vida humana individual.

4. Ecológicos. Un sustituto de la guerra en su función como el único sistema humano de control de la población debe asegurar la supervivencia, aunque no necesariamente el mejoramiento, de la especie en términos de su relación con los recursos del medio ambiente.

5. Culturales y científicos. Un sustituto para la función de la guerra como determinante de los valores culturales debe establecer las bases de un conflicto socio-moral de una fuerza igualmente atractiva y amplia. Una base motivacional sustitutiva de la búsqueda del conocimiento científico debe en forma similar verse conformada por un sentido de necesidad interna comparable.

Sustitutos de las funciones la guerra: modelos.

Las siguientes instituciones sustitutivas, entre otras, han sido propuestas para consideración como reemplazantes de las funciones no-militares de la guerra. Que no se las haya propuesto originalmente para tal propósito no implica o invalida que se las pueda considerar para esta aplicación en un futuro.

1. Económicos.

(a) Un programa integral de acción social, dirigido hacia la máxima mejora de las condiciones generales de la vida humana.

(b) Un programa de investigación espacial gigantesco y sin meta concreta orientado hacia objetivos no realizables.

(c) Un sistema de inspección de desarme permanente, ritualizado y ultra-elaborado y variantes de semejante sistema.

2. Políticos.

(a) Una fuerza policial internacional omnipresente y virtualmente omnipotente,

(b) una amenaza extraterrestre establecida y reconocida.

(c) una contaminación ambiental masiva y global.

(d) enemigos ficticios alternativos.

3. Sociológicos: función de control.

(a) programas generalmente derivados del modelo del Peace Corps.

(b) una forma moderna y sofisticada de la esclavitud.

Función motivacional.

(a) contaminación ambiental intensificada.

(b) nuevas religiones u otras mitologías.

(c) juegos de sangre socialmente orientados.

(d) una combinación de estas formas.

4. Ecológicos. Un programa integral de eugenesia aplicada.

5. Culturales. No se propone ninguna institución sustitutiva.

Científicos. Los requerimientos secundarios de programas de la investigación espacial, la asistencia social y/o la eugénica.

Sustitutos de las funciones de la guerra: evaluación.

Los modelos arriba indicados solo reflejan el comienzo de la búsqueda de instituciones sustitutivas para las funciones de la guerra y no tanto una recapitulación de las alternativas disponibles. Sería prematuro e inapropiado entonces ofrecer juicios finales sobre su aplicabilidad a una transición hacia la paz y más allá. A su vez, dado que el complejo pero necesario proyecto de correlacionar la compatibilidad de los sustitutos propuestos para las diferentes funciones podría ser tratado solamente en forma ilustrativa en esta etapa, hemos elegido no brindar las correlaciones hipotéticas que fueron intentadas ya que se estima que son estadísticamente inadecuadas.

De todos modos, algunos comentarios tentativos y orientadores a estas "soluciones" funcionales propuestas indicarán cual es la amplitud de las dificultades involucradas en esta área del planeamiento para la paz.

Economía. No puede esperarse que el modelo de acción social permanezca fuera de la economía normal una vez que haya concluido su fase predominante de inversión de capital. Su valor en esta función podrá entonces ser tan solo temporario. El sustituto de la investigación espacial parecería cumplir ambos criterios principales y debería examinarse en mayor profundidad, especialmente en relación a los efectos probables que tendría sobre otras funciones de la guerra. Esquemas de "inspección elaborada", aunque superficialmente atractivos, resultan inconsistentes con la premisa básica de una transición hacia la paz. La variante de las "fuerzas no armadas" que es logísticamente similar, está sujeta a la misma crítica funcional que el modelo de la acción social generalizada.

Política. Como los sustitutos de esquemas de inspección, las propuestas de una policía plenipotenciaria internacional resultan inherentemente incompatibles con el fin de un sistema de guerra. La variante de las "fuerzas no armadas" modificada para incluir poderes ilimitados de sanción económica podría previsiblemente ampliarse a constituir una amenaza exterior creíble. El desarrollo de una amenaza aceptable desde el "espacio exterior", presumiblemente en conjunto con el sustituto de la investigación espacial para control económico, parecería poco prometedor en términos de su credibilidad. El modelo de contaminación ambiental no parecería ser lo suficientemente adecuado para un control social inmediato salvo a través de la aceleración arbitraria de las tendencias actuales de contaminación. Esto a su vez, plantea preguntas respecto de su aceptabilidad política. Nuevos enfoques menos regresivos relacionados con la creación de "enemigos" globales ficticios invitan a que se continúe con estas investigaciones.

Sociología:
Función de control. Aunque los distintos sustitutos propuestos para esta función se basan, en términos generales, sobre el modelo del Peace Corps, se nos presentan como ampliamente inadecuados en sus alcances potenciales aunque no deberían descartarse sin un estudio adicional. La esclavitud en una forma conceptualmente eufemizada y tecnológicamente moderna podría representar una institución más eficiente y flexible en este área.
Función motivacional. Aunque ninguno de los sustitutos propuestos para la guerra como el garante de la lealtad social pueda descartarse sin más , cada una presenta serias y especiales dificultades. Las amenazas ambientales intensificadas pueden aumentar los peligros ecológicos; la creación de mitos disociada de la guerra puede que no resulte políticamente factible; juegos y rituales de sangre que tengan un objetivo puntual resultan mucho más fáciles de diseñar que de implementar. Vale la pena considerar cuidadosamente una institución que combine esta función con la que le precede, aunque no la imite en un todo, basada sobre el antecedente de la represión étnica organizada .

Ecología. El único problema aparente en la aplicación de un adecuado sustituto eugenico a la guerra es el de los tiempos. No podrá realizarse hasta tanto la transición hacia la paz no se haya completado, lo que involucra el serio riesgo temporal de un desastre ecológico.

Cultura. Ningún sustituto plausible para esta función de la guerra ha sido aun propuesto. Podría ser, sin embargo, que un determinante de valores culturales básicos no sea necesario para la supervivencia de una sociedad estable.
Científico. Lo mismo podría decirse de la función de la guerra como movilizadora de la búsqueda del conocimiento. Sin embargo, la adaptación de un programa gigante de investigaciones espaciales, un programa integral de asistencia social o un programa maestro de control eugénico podría brindar la motivación suficiente para tecnologías limitadas.

Conclusiones generales

Resulta evidente de lo antedicho que ningún programa o combinación de programas aun propuesto para la transición hacia la paz se ha acercado ni siquiera remotamente a los requerimientos funcionales de un mundo sin guerra. Aunque un sistema proyectado para cumplir con las funciones económicas de la guerra parezca prometedor, no se puede expresar un optimismo similar en las áreas igualmente esenciales de la política y la sociología. Las otras principales funciones no militares de la guerra - ecológicas, culturales, científicas - presentan una problemática muy diferente pero al menos resulta posible que la programación detallada de sustitutos en estas áreas no constituya un requisito para la transición. Más importante aun, no es suficiente con desarrollar sustitutos adecuados pero separados para las funciones principales de la guerra; deben, en verdad, ser totalmente compatibles y de ninguna manera auto-cancelables.

Hasta tanto se desarrolle un programa unificado semejante, al menos hipotéticamente, resulta imposible para que éste o cualquier otro grupo brinde respuestas significativas a las preguntas que originalmente se nos presentaron. Cuando se nos pregunta cual sería la mejor manera de prepararnos para el advenimiento de la paz, debemos primero responder tan enfáticamente como sea posible, que no se puede responsablemente permitir que el sistema de guerra desaparezca hasta tanto:

(1) sepamos exactamente qué es lo que planeamos colocar en su lugar y.

(2) estemos seguros, más allá de cualquier duda razonable, de que estas instituciones sustitutivas servirán sus propósitos en términos de la supervivencia y estabilidad de la sociedad.

Sólo así habrá tiempo suficiente para desarrollar las metodologías para realizar la transición. La programación de los procedimientos deberá seguir y no preceder estas soluciones concretas.

Tales soluciones, si es que realmente existen, no serán logradas sin una revisión revolucionaria de los modos de pensamiento que hasta ahora se han considerado como apropiados para las investigaciones relacionadas con la paz. Que hayamos examinado las cuestiones fundamentales relacionadas con este tema de manera desapasionada, desde un punto de vista libre de valores, no debería implicar que no apreciemos las dificultades intelectuales y emocionales que deben ser superadas en todos los niveles del proceso decisorio antes de que estas preguntas sean reconocidas por todos por lo que realmente son. Las preguntas reflejan, en un nivel intelectual, la tradicional resistencia emocional a nuevas formas de armamento (mas letales y por ende "chocantes"). El comentario insuficientemente enfatizado del entonces Senador Hubert Humphrey respecto de la publicación del libro On Thermonuclear War (Sobre la Guerra Termonuclear), sigue siendo aun muy pertinente: "Nuevos pensamientos, particularmente aquellos que parecen contradecir las presunciones actuales, son siempre dolorosos para la mente al contemplarlos".

Tampoco minimizamos, por la sencilla razón de que no los hayamos abordado, la reconciliación masiva de intereses conflictivos sobre los que se presuponen acuerdos locales al igual que internacionales respecto de la manera de proceder hacia un proceso de paz semejante. Este factor fue excluido de nuestro análisis pero no pretendemos ignorar su incidencia. Aunque no existen obstáculos insuperables en el camino hacia el logro de semejantes acuerdos, sin embargo existen intereses firmemente establecidos y ampliamente reconocidos a corto plazo de grupos privados y otros de interés general, a favor del mantenimiento del sistema de guerra. La resistencia a que la paz surja de tales intereses es solo tangencial, a la larga, respecto de las funciones básicas de la guerra pero no serán fáciles de superar tanto en éste como en otros países. Algunos observadores, de hecho, consideran que no podrán superarse en absoluto en nuestros tiempos, y que el precio de la paz es simplemente demasiado elevado. Esto concuerda con nuestras conclusiones generales en lo que se refiere a los plazos para la transferencia hacia instituciones sustitutivas y puede que sea un factor critico en la viabilidad política de estos esquemas.

Resulta incierto saber en estos momentos si la paz será algún día posible. Resulta aun mucho más cuestionable, según el standard de la continuada supervivencia social en lugar de un pacifismo emocional, saber si un estado de paz semejante sería conveniente aun en el caso de que resultase lograble. El sistema de guerra, a pesar de toda su repugnancia subjetiva para importantes sectores de la "opinión publica", ha demostrado su efectividad desde el comienzo de la historia escrita; ha brindado las bases para el desarrollo de muchas civilizaciones durables e impresionantes, incluyendo aquella que hoy es dominante. Consistentemente, ha brindado prioridades sociales sin ambigüedades. En general, conforma una cantidad conocida. Un sistema viable de paz, presuponiendo que las grandes y complejas cuestiones de las instituciones sustitutivas planteadas en este informe resulten tener solución y que la misma sea hallada, aun así seguiría constituyendo un viaje hacia lo desconocido con el riesgo inevitable que se refiere a lo desconocido, independientemente de hasta qué punto esos factores desconocidos resulten controlables.

Los funcionarios de gobierno que adoptan decisiones tienden a elegir la paz sobre la guerra cada vez que una opción real semejante existe dado que usualmente parece ser la alternativa más "segura". En la mayoría de las circunstancias inmediatas, probablemente estén en lo cierto. Pero en términos de la estabilidad social a largo plazo, lo opuesto resulta verdadero. En nuestro estado actual de los conocimientos y a través de una inferencia razonable, resulta ser el sistema de guerra el que debe identificarse con la estabilidad y el sistema de paz con la especulación social, por más justificable que tal especulación resulte en términos de valores subjetivos morales o emocionales. Un físico nuclear alguna vez dijo respecto de un posible acuerdo de desarme: "Si pudiéramos cambiar el mundo por uno en el cual las armas no pudieran fabricarse, eso seria estabilizante. Pero todo acuerdo que podamos prever con los soviéticos sería desestabilizante." (44) La calificación y la subjetividad son igualmente irrelevantes; cualquier condicion de paz total genuina, se logre como se logre, sería desestabilizante hasta tanto se demuestre lo contrario.

Si resultase necesario en estos momentos optar irrevocablemente a favor de la retención o de la disolución del sistema de guerra, la prudencia básica aconsejaría el primer curso de acción. Pero esto aun no resulta necesario a pesar de lo tarde que pareciera ser. Y más factores deberán eventualmente ingresar dentro de la ecuación de guerra/paz que excederán las expectativas de las investigaciones más decididas en búsqueda de las instituciones alternativas para las funciones de la guerra. Un grupo de tales factores ha sido mencionado tan solo brevemente en este Informe; se centra sobre la posible obsolescencia del sistema de guerra en sí. Hemos observado, por ejemplo, las limitaciones del sistema de guerra en satisfacer sus funciones económicas y la importancia declinante de este aspecto de la guerra. No pueden dejarse de imaginar desarrollos comparables que podrían comprometer la eficacia de la guerra como, por ejemplo, controlador económico u organizador de la lealtad social. Este tipo de posibilidad, por más remota que parezca, sirve para recordarnos que todos los cálculos de contingencia no solamente implican sopesar un conjunto de riesgos contra otro, sino que requieren se deje un margen de error en ambas partes de la balanza.

Una razón más directa para proseguir con estas investigaciones en búsqueda de formas y medios alternativos para cumplir las funciones actuales de la guerra resulta estrechamente política. Es posible que una o más naciones soberanas arriben, a través de un liderazgo ambiguo, a una posición en la cual una clase administrativa gobernante pierda el control de la opinión publica básica, o de su habilidad para racionalizar una guerra deseada. No resulta difícil imaginar, en tales circunstancias, una situación en la que tal gobierno podría verse obligado a iniciar un proceso serio de desarme a gran escala (quizás provocado por alguna explosión nuclear "accidental") y que tales negociaciones puedan conducir a la real disolución de las instituciones militares. Como nuestro Informe indica claramente, esto sería catastrófico. Nos parece evidente que en caso de que una parte importante del planeta se viera inmersa, repentinamente y sin una alerta previa suficiente, en una condición de paz inadvertida, entonces una preparación parcial o inadecuada será mejor que ninguna. La diferencia podría ser critica. Los modelos considerados en el capitulo anterior con aquellos que parecen prometedores y aquellos que no lo parecen tienen una característica positiva en común y es su posibilidad inherente de aplicación en fases. Y a pesar de nuestras reservas respecto de avanzar conscientemente hacia procedimientos de transición hacia la paz sin una completa preparación, nuestro gobierno debe sin embargo estar preparado para moverse en esa dirección con los recursos limitados de planeamiento que tenga a su alcance en el momento correspondiente - si las circunstancias así lo requieren. Un enfoque arbitrario del tipo "todo o nada" no resulta más realista en el desarrollo de la programación de contingencias para la paz que para cualquier otro tema.

Pero la principal causa de preocupación sobre la continuada efectividad del sistema de guerra y la razón más importante para controlar y limitar el planeamiento para la paz yace en lo retrógrado de la actual programación del sistema de guerra. Sus controles no han mantenido el ritmo de los avances tecnológicos que ha hecho posible. A pesar de sus discutibles éxitos, hasta la fecha aun en este área de potencial sin precedentes para la destrucción masiva, se sigue operando principalmente sobre una base del laissez-faire. Según nuestro conocimiento, ningún estudio serio cuantificado ha sido jamas realizado para determinar, por ejemplo, lo siguiente:

Niveles óptimos de producción de armamentos a los efectos del control económico en cualquier serie de puntos cronológicos y bajo cualquier relación entre la producción civil y los patrones de consumo.
Factores de correlación entre las políticas de reclutamiento para la conscripción y la disidencia social medible;
Los niveles mínimos de destrucción poblacional necesarios para mantener una credibilidad de la amenaza de guerra bajo diversas condiciones políticas;
La frecuencia cíclica optima de guerras "calientes" bajo variables circunstancias de relación histórica.
Estos y otros factores de la función de guerra son íntegramente susceptibles de análisis con los sistemas de computación actualmente disponibles. Pero hasta el momento no han sido adecuadamente tratados. Las técnicas analíticas modernas han relegado hasta el momento tales aspectos de las funciones ostensibles de la guerra tales como el abastecimiento, la utilización del personal, el análisis de armamentos, etc. No es que deba exagerarse con este tipo de análisis pero si deploramos que no se haga una utilización de la capacidad de abordar esta problemática dentro de un ámbito más amplio. Nuestra preocupación por la eficiencia en este contexto no es estético, económico o humanístico. Surge del axioma de que ningún sistema puede sobrevivir durante mucho tiempo, tanto en sus niveles de input ("entradas") como en los de output ("salidas"), que constante o sustancialmente se desvíe de un rango optimo . A medida en que los datos crecen en sofisticación, el sistema de guerra y sus funciones se ven crecientemente amenazados por tales desvíos.

Una ultima conclusión entonces sería que será necesario para nuestro gobierno planificar con profundidad para dos contingencias generales. La primera que es la que se refiere a la posibilidades de una paz general viable; la segunda es la continuación exitosa del sistema de guerra. En nuestra opinión, una preparación cuidadosa para la posibilidad de la paz debería continuarse, no porque tomemos la postura de que el fin de la guerra sería necesariamente deseable, si es que resulta posible, sino porque puede que nos sea impuesta de alguna manera, estemos listos para ella o no. El planeamiento para racionalizar y cuantificar el sistema de la guerra, por otra parte, asegurará la efectividad de sus principales funciones estabilizadoras lo que no solo resulta más prometedor en relación a los resultados previstos sino que resulta esencial. No podemos dar por sentado que seguirá sirviendo bien a nuestros propósitos por el solo hecho de que así lo ha venido haciendo desde hace mucho tiempo. El objetivo de la política gubernamental respecto de la guerra y de la paz en este periodo de incertidumbre debe ser preservar la máxima cantidad de opciones. Las recomendaciones que siguen están orientadas hacia este fin.

El Informe IRON MONTAIN Sección 6 - Sustitutos para las Funciones de la Guerra

Sección 6 - Sustitutos para las Funciones de la Guerra

A esta altura, debería resultar claro que el plan maestro más detallado e integral para una transición hacia la paz mundial, seguirá siendo meramente académico si omite abordar el problema de las funciones críticas no-militares de la guerra. Las necesidades sociales que estas funciones satisfacen son esenciales; si el sistema de guerra dejara de existir para satisfacerlas, se deberán entonces crear instituciones sustitutas para dicho propósito. Estos sustitutos deben ser "realistas", lo que significa que deben disponer de un marco y una naturaleza que puedan ser concebidos e implementados dentro del contexto de las posibilidades sociales de la actualidad. Esto no es una perogrullada ya que los requerimientos de un radical cambio social a menudo obligan a tomar conciencia de que la distancia que separa a una proyección muy conservadora de un esquema alocadamente utópico puede ser muy corta.

En la presente sección consideraremos algunos posibles sustitutos para estas funciones. Solo en raros casos han sido propuestos para los objetivos que nos conciernen en el presente, pero no vemos ninguna razón que nos obligue a limitarnos a propuestas que se relacionan explícitamente con el problema que hemos planteado. Dejaremos de lado las funciones ostensibles o militares de la guerra; es una premisa del presente estudio que la transición hacia la paz implica en forma absoluta que esas funciones militares no existan más en ningún sentido relevante. También dejaremos de lado las funciones no-críticas expuestas al final de la sección anterior.

Económicos

Los sustitutos económicos de la guerra deben cumplir con dos criterios principales. Deben representar un "desperdicio" en el sentido usual de la palabra y deben operar fuera del sistema normal de la oferta y la demanda. Un corolario de ello que resulta obvio es que la magnitud del desperdicio debe ser suficiente como para corresponder a las necesidades de la sociedad. Una economía tan avanzada y compleja como la nuestra requiere de la destrucción anual planificada de no menos del 10% de producto bruto nacional, (29) si ha de cumplir con su función estabilizadora. Cuando la masa del contrapeso resulta inadecuada para el poder que se supone debe controlar, su efecto puede ser auto-anulante como si fuera una locomotora que se escapa sin control. La analogía, aunque cruda, (30) es particularmente apta para la economía (norte)americana como lo demuestra nuestra trayectoria de depresiones cíclicas. Todas han tenido lugar durante periodos de gastos militares gruesamente inadecuados.

Aquellos pocos programas de reconversión económica que implícitamente reconozcan las funciones económicas no-militares de la guerra (al menos en alguna medida) tienden a presumir que los así-llamados gastos de asistencia social llenarán el vacío creado por la desaparición del gasto militar. Cuando uno considera la cantidad de negocios aun pendientes - o sea, propuestos pero aun no ejecutados - en este campo, la presunción resulta plausible. Examinemos brevemente la siguiente lista que es más o menos típica de los programas generales de asistencia social. (31)


Salud. La expansión drástica de las investigaciones medicas, de la educación y de las capacidades de entrenamiento; construcción de hospitales y clínicas; el objetivo general de una garantía gubernamental del cuidado completo de la salud para todos, a un nivel consistente con los actuales desarrollos en la tecnología medica.

Educación. El equivalente del rubro anterior en la capacitación de maestros; escuelas y bibliotecas; la drástica mejora de los standards con el objetivo general de permitirle a todos una meta educativa lograble y equivalente a lo que hoy se considera un título profesional.

Vivienda. Viviendas limpias, cómodas, seguras y espaciosas para todos, al nivel del que actualmente disfruta aproximadamente un 15% de la población de este país (y menos en otros países).

Transporte. El establecimiento de un sistema de transporte público masivo que haga posible a todo el mundo viajar hacia y desde sus lugares de trabajo y recreo en forma rápida, cómoda y conveniente y de poder viajar privadamente por placer y no por necesidad.

Ambiente físico. La eliminación real de la pobreza según se defina por un standard consistente con la productividad económica actual, a través de un ingreso anual garantizado o a través de cualquier sistema de distribución que mejor asegure este logro.

Estos son solo algunos ejemplos de los ítems más obvios del bienestar doméstico y los hemos enumerado a propósito de manera amplia y quizás extravagante. En el pasado un "programa" tan vasto y ambiguo hubiese sido descartado sin más sin prestársele seria consideración; hubiese sido considerado prima facie demasiado costoso, al márgen de sus implicancias políticas. (32) Nuestra objeción, por otra parte, apenas podría ser más contradictoria. Como sustituto de la guerra, consideramos que resulta inadecuado dado que es demasiado barato.

Si esto parece paradójico, debe recordarse que hasta el momento, todo gasto de acción social propuesto ha debido medirse dentro de la economía de guerra y no como un reemplazo de la misma. El viejo slogan de que un acorazado de guerra o un misil intercontinental cuesta tanto como x hospitales, o y escuelas, o z viviendas, asume un significado muy diferente si ya no ha de haber más acorazados de guerra ni misiles intercontinentales.

Dado que esta lista es general, hemos optado por evitar la controversia tangencial que afecta a las proyecciones arbitrarias de costos que no ofrecen estimaciones individuales de costos. Pero el programa mayor que podría efectuarse según los lineamientos indicados podría acercarse al nivel establecido del gasto militar únicamente durante un plazo limitado - en nuestra opinión, sujeto a un análisis detallado de costo y factibilidad, durante menos de diez años. Durante este breve plazo, y a esta velocidad, los principales objetivos del programa serían logrados. Su fase de inversión de capital se habría cumplido y se habría establecido un permanente y comparativamente modesto nivel de costo operativo anual - dentro del marco de la economía general.

Aquí yace la debilidad fundamental del sustituto a través de la acción social. A corto plazo, el programa más ambicioso que pudiese diseñarse podría reemplazar a un programa normal de gastos militares, siempre y cuando fuese diseñado, como el modelo militar, para quedar sujeto al control arbitrario. Por ejemplo, planes de construcción de viviendas públicas o el desarrollo de centros médicos modernos podrían ser acelerados o demorados de vez en cuando en consonancia con los requerimientos de una economía estable. Pero en el largo plazo, el gasto en acción social, aunque se lo redefina reiteradamente, necesariamente se convertiría en una parte integral y aceptada de la economía, sin un valor estabilizante mayor que el de la industria automotriz, o la vejez, o el seguro de supervivientes. Al margen del mérito que pudieran tener estos programas de asistencia social en sí mismos, su función como un sustituto de la guerra dentro de la economía se auto-anularía. Podrán servir, por ejemplo, como paliativos hasta tanto se desarrollen medidas sustitutas más durables.

Otro sustituto económico que ha sido propuesto consiste en una serie de gigantescos programas de "investigación espacial". Estos ya han demostrado su utilidad en una escala más modesta dentro de la economía militar. Lo que se ha insinuado, aunque aun no se ha propuesto de manera explícita, es que se lleve a cabo el desarrollo de una secuencia a largo plazo de proyectos de investigación espacial con objetivos básicamente no-logrables. Este tipo de programa puede ofrecer varias ventajas que faltan en el modelo de bienestar social. Primeramente, es muy improbable que se auto-liquide, sean cuales fueren las previsible "sorpresas" que la ciencia nos tenga preparada: el universo simplemente resulta demasiado grande. En el caso de que algún proyecto individual tuviera un gran nivel de éxito, no existirían problemas para lograr su posterior reemplazo. Por ejemplo, si la colonización de la luna avanza según lo previsto, luego se tornaría "necesario" establecer bases en Marte o en Júpiter y así sucesivamente. En segundo lugar, no necesita ser más dependiente de la economía de oferta y demanda que su prototipo militar y en tercer lugar se presta excepcionalmente bien a un control arbitrario.

La investigación espacial puede visualizarse como el equivalente moderno más cercano, que se haya diseñado hasta el momento, de los constructores de pirámides y similares empresas rituales de la antigüedad. Es verdad que el valor científico del programa espacial, aun del ya ejecutado, es substancial por sí solo. Pero los actuales programas son absurda y obviamente desproporcionados en su relación entre los conocimientos buscados y el gasto incurrido. Salvo una pequeña parte del presupuesto espacial que puede medirse según los standards de objetivos científicos comparables, el resto debe ser cargado de facto a la economía militar. La investigación espacial como un sustituto para la guerra reduciría aun más la lógica "científica" de su presupuesto hasta un nivel ínfimo. Como un sustituto puramente económico para la guerra, entonces, la extensión del programa espacial justifica una seria consideración.

En la sección 3, hemos señalado que ciertos modelos de desarme que hemos denominado como conservadores postulaban sistemas de inspección extremadamente caros y elaborados. ¿Será factible extender e institucionalizar tales sistemas hasta un punto tal en que pudieran servir como sustitutos económicos al gasto de guerra? La organización de mecanismos de inspección absolutamente confiables podría ser ritualizada de una forma similar a lo que ocurre con los procesos militares establecidos. "Equipos de inspección" podrían ser muy similares a los ejércitos y sus equipamientos técnicos serian bastante como las armas. No habría dificultad en inflar el presupuesto para tales inspecciones hasta una escala militar. El atractivo de este tipo de esquema yace en la relativamente fácil transición entre dos sistemas paralelos.

El sustituto consistente en un esquema de "inspección elaborada" resulta, sin embargo, fundamentalmente falaz. Aunque posiblemente resulte económicamente útil como así también políticamente necesario durante la transición hacia el desarme, no lograría funcionar como un sustituto de la función económica de la guerra debido a una simple razón. Un esquema de inspección para el mantenimiento de la paz conforma parte de un sistema de guerra y no de un sistema de paz. Implica la posibilidad de mantener o fabricar armamentos que no existirían si el mundo se encontrara en paz en la forma que definimos en el presente. Las inspecciones masivas también implican sanciones y, correspondientemente, un estado de preparación para la guerra.

La misma falacia resulta más obvia en los planes para crear una estructura inútil de "reconversión de defensa". Esta propuesta, hace ya tiempo desacreditada, de construir instalaciones "totales" de defensa civil es un ejemplo; otro es el plan de establecer un complejo antimisilistico gigantesco (Nike-X y otros). (33) Estos programas, por supuesto, son económicos más que estratégicos. Sin embargo, no configuran sustitutos para el gasto militar sino meramente representan distintas formas del mismo.

Una variante más sofisticada es la propuesta de establecer las "Fuerzas No Armadas" de los Estados Unidos. (34) Esto mantendría muy convenientemente a toda la estructura militar institucional, redirigiéndola hacia actividades esencialmente de acción social a una escala global. Sería en la práctica, una suerte de gigantesco Peace Corps (35) militar. No hay nada inherentemente no realizable en este plan y la utilización de la actual estructura militar para llevar a cabo su propio reemplazo es bastante creativo y también resulta conveniente. Pero aun sobre una base mundial muy ampliada, los gastos en acción social deberán tarde o temprano reingresar a la atmósfera de la economía normal. Las virtudes transicionales prácticas de semejante esquema se verían entonces negadas a la larga por su inadecuación como estabilizador económico permanente.

Políticos

El sistema de guerra permite la existencia de gobiernos estables en las sociedades. Esto lo realiza esencialmente brindando una amenazante necesidad externa para que una sociedad acepte ser gobernada políticamente. Al hacerlo, establece las bases para la nacionalidad y la autoridad del gobierno para controlar a sus ciudadanos. ¿Qué otra institución o combinación de programas podría desempeñar estas funciones en su lugar?

Ya hemos señalado que el fin de la guerra significa el fin de la soberanía nacional y, consecuentemente, el fin del concepto de nación como lo conocemos hoy en día. Pero esto no significa necesariamente el fin de las naciones en el sentido administrativo, y el poder político interno continuará siendo esencial para una sociedad estable. Las "naciones" emergentes de la era de la paz deberán seguir nutriendo su autoridad política de alguna fuente.

Se ha realizado una serie de propuestas respecto de las relaciones entre las naciones tras un desarme total; todas son, esencialmente, jurídicas en su naturaleza. Contemplan instituciones más o menos como las de la Corte Mundial o de las Naciones Unidas pero investidas con verdadera autoridad. Pueden o no desempeñar su propósito ostensible pos-militar para la resolución de disputas internacionales pero no necesitamos analizar este aspecto aquí. Ninguna de ellas ofrecería una presión externa efectiva para una nación mundial en paz que le permita organizarse políticamente.

Podría argüirse que una fuerza policial internacional bien armada que opere bajo la autoridad de semejante "corte" supranacional podría cumplir la función de un enemigo externo. Esto, sin embargo, constituiría una operación militar como los esquemas de inspección ya mencionados y como ellos, seria inconsistente con la premisa de un fin al sistema de guerra. Posiblemente, alguna variante de la idea de las "Fuerzas No-Armadas" podría desarrollarse de una manera tal que sus actividades "constructivas" (o sea, acción social), puedan combinarse con una amenaza económica lo suficientemente importante y creíble como para justificar la organización política. ¿Seria una amenaza semejante también contradictoria a nuestra premisa básica? - o sea, ¿sería inevitablemente militar? En nuestra opinión, este no sería necesariamente el caso, pero somos escépticos respecto de su capacidad para evocar la credibilidad. A su vez, el efecto obviamente desestabilizante de cualquier sustituto de acción social global sobre las (políticamente necesarias) relaciones de clase, crearía un conjunto totalmente nuevo de problemas de transición de una magnitud por lo menos semejante.

La credibilidad, en verdad, yace en el corazón del problema del desarrollo de un sustituto político para la guerra. Aquí es donde las propuestas de la carrera espacial, que son tan adecuadas en muchos aspectos como sustitutos económicos de la guerra, se quedan cortas. El proyecto espacial más ambicioso y menos realista no puede, por si mismo, generar una amenaza externa creíble. Se ha debatido acaloradamente (36) que semejante amenaza ofrecería la "ultima y mejor esperanza para la paz" etc., al unir a la humanidad en contra del peligro de destrucción por "criaturas" de otros planetas o provenientes del espacio exterior. Se han propuesto experimentos para probar la credibilidad de una amenaza consistente en una invasión desde fuera de este mundo; es plausible que algunos de los incidentes de "platos voladores" más difíciles de explicar en los últimos años hayan sido algunos primeros experimentos de esta clase. No prevemos ninguna dificultad en lograr que la "necesidad" de una programa super espacial gigantesco sea creíble por razones económicas aunque no hubiesen precedentes; sin embargo, pretender ampliarlo para que satisfaga determinados objetivos políticos, lo que obliga a incorporarle características que lamentablemente se asocian con la ciencia ficción, seria obviamente una empresa cuyo éxito parece mucho más dudoso.

No obstante ello, un sustituto político efectivo de la guerra requeriría "enemigos alternativos" algunos de los cuales podrían parecer rebuscados dentro del contexto del actual sistema de guerra. Podría ocurrir, por ejemplo, que la fuerte contaminación del medio ambiente pudiera eventualmente reemplazar la posibilidad de destrucción masiva por armas nucleares como amenaza principal y más evidente para la supervivencia de nuestra especie. El envenenamiento del aire y de las principales fuentes de alimentos y de agua ya se encuentra bastante adelantado y a primera vista podría representar una solución a este problema; constituye una amenaza que solo puede abordarse a través de una adecuada organización social y con poder político. Pero se estima que deberá pasar entre una generación y una generación y media antes de que la contaminación ambiental, por más severa que sea, se torne lo suficientemente amenazante a nivel global como para ofrecer una posible base de solución.

Es verdad que la tasa de contaminación podría incrementarse en forma selectiva para este propósito; en verdad, la mera modificación de los programas actuales para prevenir la contaminación podrían acelerar este proceso como para que se genere una amenaza creíble mucho antes. Pero el problema de la contaminación se ha visto publicitado tan ampliamente en los últimos años que parece altamente improbable que un programa gubernamental de efectos deliberadamente nocivos para el medio ambiente pudiera ser implementado de manera políticamente aceptable.

Por más improbable que el posible enemigo alternativo que hemos mencionado pueda parecer, debemos enfatizar que alguno debe ser hallado, y el mismo debe ser de una calidad y magnitud creíble si una transición hacia la paz ha de llevarse a cabo algún día sin que provoque la desintegración social. Resulta más probable, a nuestro juicio, que semejante amenaza deba ser inventada en lugar de que se desarrolle partiendo de condiciones desconocidas. Por esta razón, consideramos como poco conveniente seguir especulando acerca de su naturaleza putativa. Dado que tenemos dudas considerables de que cualquier sustituto político viable pueda ser diseñado, somos remisos a comprometernos, a través de un análisis prematuro, a proponer cualquier posible opción que pudiera adoptar nuestro gobierno al respecto.

Sociológicos

De las muchas funciones de la guerra que hemos considerado conveniente agrupar bajo esta clasificación, dos resultan críticas. En un mundo de paz, la continuada estabilidad de la sociedad requerirá:

(1) un sustituto efectivo de las instituciones militares que pueda neutralizar los elementos sociales desestabilizantes, y

(2) un sustituto motivacional para la guerra que resulte creíble y que pueda asegurar la cohesión social. El primero es un elemento esencial del control social; el segundo es un mecanismo básico para adaptar las motivaciones humanas individuales a los requerimientos de la sociedad.

La mayoría de las propuestas se focalizan, explícitamente o no, sobre el problema de la posguerra de controlar a los elementos socialmente alienados y proponen alguna variante del tipo de la Peace Corps o los así-llamados Job Corps [Cuerpos de Trabajo] como solución. Los elementos socialmente desafectados, los económicamente no preparados, los que se sienten psicológicamente incómodos, los "delincuentes" endurecidos, los "subversivos" incorregibles y el resto de los elementos no empleables por la sociedad, son vistos como si se los pudiese transformar en trabajadores sociales más o menos dedicados, a través de las disciplinas representadas por un servicio modelado sobre el ejemplo militar. Esta presunción también se condice con la racionalización, en otros rubros, del plan de las "Fuerzas No-Armadas".

El problema ha sido abordado, en el lenguaje de la sociología popular, por el Secretario McNamara: "Aun en nuestras sociedades de la abundancia, tenemos razón suficiente para preocuparnos por las tensiones que presionan a los jóvenes de orígenes menos privilegiados, quienes finalmente se transforman en delincuentes y criminales. ¿Qué habríamos de esperar......en lugares en que la creciente frustración probablemente se transforme en erupciones de violencia y extremismo?" En una parte aparentemente no relacionada, continúa diciendo "Se me ocurre que iríamos por el camino de hallar una solución a esta iniquidad (del sistema de conscripción universal) si se le pidiese a cada joven en los Estados Unidos que brindara dos años de servicio a su país - sea en uno de los servicios militares, o en el Peace Corps o en algún otro trabajo de desarrollo voluntario en el país o en el extranjero. Podríamos motivar a otras naciones para que hicieran lo mismo." (37)

Aquí como en otras partes de este significativo discurso, el Sr. McNamara se ha focalizado indirectamente, pero sin errar, sobre uno de los temas clave que hacen a una posible transición hacia la paz y ha indicado luego también indirectamente cual seria un enfoque aproximado para su resolución, nuevamente redactado según el idioma del actual sistema de guerra.

Parece claro que el Sr. McNamara y otros proponentes de un sistema sustituto como el cuerpo de paz para que cumpla esta función de la guerra se apoyan fuertemente sobre el éxito que tuvieron los programas paramilitares impulsados durante la Depresión a los que nos hemos referido en la ultima sección. Consideramos que este precedente es totalmente inadecuado en sus alcances. Ni la falta de un precedente adecuado ni el sentimentalismo dudoso de la acción social que caracterizan este enfoque, sin embargo, justifican que se lo rechace sin más sin antes estudiarlo cuidadosamente. Podría ser viable, siempre y cuando, primero se le extraiga el origen militar al esquema del Peace Corps en su actividad operacional y segundo que la transición de las actividades paramilitares hacia "trabajos experimentales" se efectúe sin importar las actitudes del personal del Peace Corps o del "valor" del trabajo que se espera que realice.

Otro posible sustituto para el control de enemigos potenciales de la sociedad lo conforma la reintroducción, de alguna manera consistente con la tecnología y los procesos políticos modernos, de la esclavitud. Hasta ahora, esto ha sido sugerido solamente en obras de ficción, particularmente en los trabajos de Wells, Huxley, Orwell y otros involucrados en la anticipación imaginativa de la sociología del futuro. Pero las fantasías proyectadas en Un Mundo Feliz y el 1984 han parecido cada vez menos inimaginables en los años que corrieron desde sus respectivas publicaciones. La asociación tradicional de la esclavitud con las culturas antiguas preindustriales no debería enceguecernos sobre sus posibilidades de adaptación a las formas avanzadas de organización social, ni tampoco su también tradicional incompatibilidad con los valores morales y económicos de Occidente. Resulta totalmente posible que el desarrollo de una forma sofisticada de esclavitud se transforme en un requisito absoluto para lograr el control social en un mundo en paz. Como un tema práctico, la reconversión del código de disciplina militar en una forma eufemística de esclavitud requeriría sorprendentemente pocas revisiones; el primer paso lógico seria la adopción de alguna forma de servicio militar "universal".

Cuando se trata de postular sustitutos creíbles para la guerra que sean capaces de dirigir los patrones del comportamiento humano en nombre de la organización social, existen pocas opciones. Al igual que su función política, la función motivacional de la guerra requiere de la existencia de un enemigo social genuinamente amenazante. La diferencia principal radica en que, a los efectos de motivar una lealtad básica, en contraposición con la aceptación de una autoridad política el "enemigo alternativo" debe implicar una amenaza de destrucción más inmediata, tangible y directamente percibida. Debe justificar la necesidad de tomar y pagar un "precio en sangre" en amplias áreas de interés humano.

En este sentido, los posibles enemigos sustitutos ya mencionados previamente resultarían insuficientes. Una excepción sería el modelo de contaminación del medio ambiente si el peligro que presenta para la sociedad resultase genuinamente inminente. Los modelos ficticios deberían conllevar el peso de una extraordinaria convicción, sustentada por una no inconsiderable perdida de vidas humanas; la construcción de una estructura actualizada mitológica o religiosa para este propósito presentaría dificultades en nuestra era pero de todos modos debe ser considerada como una opción.

Los teóricos de los juegos también han sugerido, en otros contextos, el desarrollo de "juegos de sangre" para el control efectivo de los impulsos agresivos individuales. Resulta un comentario irónico del estado actual de los estudios sobre la guerra y la paz que se haya dejado en manos de los científicos - y no de los productores de películas comerciales (38) - el desarrollo de un modelo para esta noción del nivel implausible del melodrama popular como persecución humana ritualizada. De un modo más realista, un rito semejante podría socializarse de la misma manera en que lo hizo la Inquisición Española y los menos formales juicios de brujas de otros tiempos, con el propósito de lograr la "purificación social", la "seguridad del estado" u otros objetivos que sean tanto aceptables como creíbles para las sociedades de la posguerra. La factibilidad de realizar una versión actualizada de otra institución antigua, aunque de dudoso éxito, es considerablemente menos complejo que la noción sin fundamento de muchos planificadores de la paz en el sentido de que una condición estable de paz puede ser lograda sin la más profunda examinación de los posible sustitutos para las funciones esenciales de la guerra. De lo que se trata aquí, en cierto sentido, es de la búsqueda del "equivalente moral de la guerra" de William James.

También resulta posible que las dos funciones consideradas bajo este rubro puedan ser satisfechas en su conjunto en el sentido de establecer qué es lo antisocial, para lo cual se requiere una institución controladora como el "enemigo alternativo" necesario para mantener a la sociedad cohesionada. El avance sin pausa e irreversible en el tamaño de los grupos de personas no empleables en todos los niveles de la sociedad y la similar extensión de la alienación generalizada de los valores aceptados (39) puede que tornen necesario a un programa semejante incluso como un complemento dentro del actual sistema de guerra. Como antes, no especularemos sobre las formas especificas que podría adoptar un programa de este tipo salvo para señalar que, nuevamente, existen amplios precedentes en el tratamiento que se le ha dado a los grupos étnicos desfavorecidos, supuestamente amenazantes, en ciertas sociedades durante determinados periodos históricos. (40)

Ecológicos

Considerando las desventajas de la guerra como mecanismo de control selectivo de la población, podría parecer que el diseño de sustitutos para esta función debería resultar comparativamente simple. Esto es así en teoría pero el problema de administrar la transición en el tiempo hacia un nuevo mecanismo de equilibrio ecológico hace que la factibilidad de la sustitución sea menos clara.

Debe recordarse que la limitación de la guerra en esta función es enteramente eugénica. La guerra no ha sido genéticamente progresista. Pero como sistema de control general poblacional para preservar a la especie, no puede considerarse como fallida. Como se ha señalado, la naturaleza de la guerra en sí está sufriendo una transición. Las tendencias actuales en materia bélica - el aumento en los bombardeos estratégicos sobre poblaciones civiles y la mayor importancia militar que ahora se le otorga a la destrucción de fuentes de aprovisionamiento (en contrapartida con las bases y personal puramente "militares"), sugieren poderosamente que se está produciendo una mejora cualitativa realmente importante. Asumiendo que el sistema de guerra ha de continuar, resulta más que probable que la calidad regresivamente selectiva de la guerra se habrá invertido a medida en que sus víctimas resultan más y más representativas de sus respectivas sociedades.

No existe ninguna cuestión, fuera de un requerimiento universal, de que la procreación se vea limitada a los resultados de la inseminación artificial ya que ésta brindaría un sustituto totalmente adecuado para controlar los niveles poblacionales. Semejante sistema reproductivo tendría, por supuesto, la ventaja adicional de ser susceptible a la administración eugénica directa. Su futuro desarrollo previsible - concepción y crecimiento embriónicos que tengan lugar íntegramente bajo condiciones de laboratorio - extenderían estos controles hasta sus conclusiones lógicas. La función económica de la guerra bajo estas circunstancias no solo se vería mejorada sino que también sería superada en su efectividad.

El paso intermedio indicado - el control total de la concepción con una variante que involucre a la píldora anticonceptiva, a través de las fuentes de provisión de agua o de ciertos alimentos, luego contrarestado por medio de algún "antídoto" controlado - ya se encuentra bajo desarrollo. (41) Parecería no existir ninguna necesidad previsible de revertir a prácticas pasadas de moda a las que nos hemos referido en la sección anterior (infanticidio, etc.), como hubiera sido el caso si la posibilidad de la transición hacia la paz hubiese surgido hace dos generaciones.

La verdadera cuestión aquí, entonces, no se refiere a la viabilidad de un sustituto de la guerra sino a la problemática política de llevarla a cabo. No puede establecerse mientras el sistema de guerra siga vigente. La razón de ello es simple: el exceso poblacional es material de guerra. Mientras cualquier sociedad deba contemplar aun la posibilidad remota de una guerra, debe mantener el nivel poblacional en el punto máximo soportable, aun cuando hacerlo agrave de manera crítica las responsabilidades económicas. Esto resulta paradójico en vista del rol de la guerra en reducir el exceso poblacional pero puede ser fácilmente comprendido. La guerra controla el nivel general de la población, pero el interés ecológico de cualquier sociedad específica yace en mantener su hegemonía en relación a otras sociedades. La analogía obvia la encontramos en cualquier economía de libre-empresa. Las prácticas que resultan dañinas para la sociedad en su conjunto - tanto las competitivas como las monopólicas - son minimizadas a través de las motivaciones económicas conflictivas emergentes del interés individual capitalista. El precedente obvio lo encontramos en las dificultades políticas irracionales que han bloqueado la adopción universal de métodos simples para el control de la natalidad. Las naciones que más desesperadamente necesitan mejorar las relaciones desfavorables de producción/consumo, no están dispuestas, sin embargo, a apostar sus posibles requerimientos militares de dentro de veinte años para resolver esta problemática. El control poblacional unilateral como se practicara en el antiguo Japón y en otras sociedades aisladas queda totalmente fuera de cuestión en el mundo actual.

Dado que la solución eugénica no puede lograrse hasta tanto la transición hacia un sistema de paz haya tenido lugar, entonces ¿porqué no esperar? Uno debe comprender que se podría estar de acuerdo con este razonamiento. Como mencionáramos previamente, la verdadera posibilidad de una crisis global de insuficiencia alimentaria sin precedentes existe hoy en día, y es muy probable que el sistema de guerra no lo pueda frenar. Si esto llegara a tener lugar antes de que se complete una transición acordada hacia la paz, el resultado sería irrevocablemente desastroso. Claramente no existe ninguna solución para este dilema; es un riesgo que debe ser tomado. Pero tiende a apoyar el punto de vista de que si se adopta una decisión para eliminar el sistema de guerra, sería mejor hacerlo antes que después.

Culturales y científicos

Hablando en términos precisos, la función de la guerra como determinante de valores culturales y como motorizador primario del progreso científico puede que no sea crítico para un mundo sin guerra. Nuestro criterio respecto de las funciones básicas no militares de la guerra ha sido: ¿Son necesarias para la supervivencia y la estabilidad de la sociedad? La necesidad absoluta de determinantes de valor cultural sustitutos y de un continuado avance del conocimiento científico no ha quedado establecido. Consideramos importante, sin embargo, en nombre de aquellos para quienes estas funciones tienen una importancia subjetiva, que se sepa qué es lo que razonablemente puede esperarse de la cultura y de la ciencia después de una transición hacia la paz.

En lo que se refiere a las artes creativas, no existe razón para creer que tuvieran que desaparecer sino solamente de que cambiarían en su carácter e importancia social relativa. La eliminación de la guerra con el tiempo le quitaría su principal fuerza pero necesariamente pasaría algún tiempo antes que esa incidencia se hiciera sentir. Durante la transición y quizás durante una generación posterior, temas del conflicto socio-moral inspirados por el sistema de guerra se transferirían en forma creciente al idioma de la sensibilidad puramente personal. Al mismo tiempo, se tendría que desarrollar una nueva estética. Sea cual sea su nombre, forma o lógica, su función sería la de expresar en el lenguaje apropiado para el nuevo período la alguna vez desacreditada filosofía de que el arte existe por sí mismo. Esta estética rechazaría inequívocamente el requerimiento clásico del conflicto paramilitar como contenido sustantivo de todo gran arte. El efecto eventual del arte de la filosofía de la paz mundial sería el de la democratización extrema, en el sentido de que una subjetividad generalmente reconocida de los standards artísticos equilibraría sus nuevos "valores" libres de contenido.

Lo que puede esperarse que ocurra es que al arte se le reasignaría el rol que alguna vez desempeñó en una par de sistemas sociales primitivos orientados hacia la paz. Esta era una función puramente decorativa, de entretenimiento o juego, enteramente libre del peso de expresión de valores socio-morales y conflictos de una sociedad orientada hacia la guerra. Resulta interesante observar que el trabajo correspondiente a una estética libre de valores de esta naturaleza ya se está realizando hoy en los crecientes experimentos artísticos que carecen de contenido, posiblemente anticipando así la venida de un mundo sin conflictos. Se ha desarrollado un culto alrededor de un nuevo determinismo cultural (42) que propone que la forma tecnológica de la expresión cultural determina sus valores en lugar de hacerlo a través de un contenido con un significado ostensible. Su implicancia clara es que no existe un arte "bueno" o "malo" sino tan solo aquél que resulta apropiado a su tiempo (tecnológico) y aquél que no es apropiado. Su efecto cultural ha sido el de promover construcciones circunstanciales y expresiones no planeadas; le niega al arte la relevancia de la lógica secuencial. Su significado dentro de este contexto es que provee un modelo operativo de un tipo de cultura libre de valores que posiblemente podamos anticipar en un mundo en paz.

En lo que concierne a la ciencia, podría parecer a primera vista que un programa especial gigantesco podría ser uno de los sustitutos económicos más prometedores para la guerra y que al mismo tiempo podría servir como el estimulador básico de la investigación científica. La carencia del fundamental conflicto social organizado inherente en el trabajo relacionado con el espacio, sin embargo, lo excluiría como un sustituto motivacional adecuado para la guerra cuando se aplica a la ciencia "pura". Sin embargo, podría sostener el espectro amplio de la actividad tecnológica que un presupuesto de investigación espacial de dimensiones militares requeriría. Un programa de asistencia social de escala similar podría brindar un ímpetu comparable a los adelantos tecnológicos de bajo nivel, especialmente en la medicina, los métodos de la construcción, la psicología educativa, etc. El sustituto eugénico de la función ecológica de la guerra también requeriría una investigación continua en ciertas áreas de las ciencias de la vida.

Fuera de estos sustitutos parciales de la guerra, debe tenerse presente que el impulso otorgado al progreso científico por las grandes guerras del ultimo siglo y aun más por la anticipación eventual de la tercer guerra mundial es material e intelectualmente enorme. Es nuestra conclusión que si el sistema de guerra terminase mañana mismo, este impulso es tan poderoso que la persecución del conocimiento científico podría esperarse que seguiría avanzando sin una disminución notable durante unas dos décadas. (43) Luego, continuaría a un ritmo cada vez menor durante otras dos décadas antes de que la "cuenta bancaria" de los problemas sin resolver de la actualidad terminaran. Por los standards de las preguntas que hemos aprendido a formular actualmente, no existiría ya nada más que valga la pena que permaneciera sin conocer; no podríamos concebir entonces cuales serían las preguntas científicas a realizar una vez que aquellas que ahora nos formulamos hallasen sus respuestas.

Esto nos conduce inevitablemente a otro tema: el valor intrínseco de la búsqueda ilimitada del conocimiento. Nosotros, por supuesto, no ofrecemos ningún juicio de valor independiente pero hace a este punto que señalemos que una minoría substancial de opinión científica considera que dicha búsqueda debe circunscribirse de todos modos. Esta opinión es, en sí, un factor a considerar la necesidad de un sustituto para la función científica de la guerra. También debemos señalar el precedente de que durante largos periodos de la historia humana, a menudo abarcando miles de años, hubo períodos en los que no se le asignó ningún valor social al progreso científico y sin embargo hubo sociedades estables que sobrevivieron y florecieron. Aunque esto no hubiera sido posible en el mundo moderno industrial, no podemos estar seguros de que no pudiera ser nuevamente factible en un futuro mundo en paz.

El Informe IRON MONTAIN Sección 5 - Las funciones de la guerra

Sección 5 - Las funciones de la guerra

Como hemos indicado, la preeminencia del concepto de la guerra como la principal fuerza organizadora en la mayoría de las sociedades no ha sido suficientemente apreciada. Esto también es verdad respecto de los efectos amplios a través de muchas actividades no-militares dentro de la sociedad. Estos efectos son menos evidentes en las sociedades industriales complejas como la nuestra que en las culturas primitivas, cuyas actividades pueden ser visualizadas y comprendidas más fácilmente.

Propusimos para esta sección examinar estas funciones no-militares, implícitas y usualmente invisibles de la guerra en lo que hace a su incidencia sobre los problemas de la transición hacia la paz para nuestra sociedad. La función militar u ostensible del sistema de guerra no requiere mayor elaboración; simplemente sirve para defender o avanzar el "interés nacional" a través de la violencia organizada. A menudo, resulta imprescindible para un establishment militar el poder crear la necesidad de sus poderes únicos - para mantener la justificación de su existencia, por así decirlo. Y un aparato militar saludable requiere de "ejercicio" regular, a través de cualesquiera circunstancias que se consideren necesarias, a fin de evitar su atrofiamiento.

Las funciones no-militares del sistema de guerra son más fundamentales. Existen no meramente para auto-justificarse, sino que también desempeñan un propósito social más amplio. Si algún día se elimina la guerra, las funciones militares que le han servido terminarán con ella. Pero sus funciones no-militares no concluirán. Resulta esencial, por ende, que se comprenda su significado antes de que podamos evaluar razonablemente cualesquiera instituciones que serán llamadas a reemplazarlas.

Económicas

La producción de armas de destrucción masiva siempre se ha visto asociada con el "desperdicio" económico. El término es peyorativo dado que implica una incapacidad funcional. Pero ninguna actividad humana puede considerarse justificadamente como un desperdicio si logra sus objetivos contextuales. La frase "un desperdicio, pero necesario" aplicable no tan solo a los gastos militares sino también a la mayoría de las actividades comerciales "no-productivas" de nuestra sociedad es una contradicción en los términos. "....Los ataques que se han lanzado desde los tiempos en que Samuel criticó al Rey Saúl por los gastos militares como si se tratara de un desperdicio bien pueden haber ocultado o malinterpretado la cuestión de que cierto tipo de desperdicio bien puede tener una utilidad social más amplia." (14)

En el caso del "desperdicio" militar existe, en verdad, una mayor utilidad social. Se deriva del hecho de que el "desperdicio" de la producción de guerra se ejerce enteramente fuera del marco de la economía de oferta y demanda. Como tal, provee el único segmento de envergadura y critico de la economía total que se encuentra sujeto a un control central completo y arbitrario. Si se puede describir a las sociedades industriales modernas como aquellas que han desarrollado la capacidad para producir más de lo que se requiere para su supervivencia económica (sin considerar las equidades en la distribución de los bienes dentro de las mismas), entonces el gasto militar puede definirse como el único contrapeso con suficiente inercia como para estabilizar el desarrollo de las economías. El hecho de que la guerra sea un "desperdicio" es precisamente lo que le permite cumplir con esta función. Y cuanto más rápidamente se desarrolla la economía en cuestión, más pesado debe ser ese contrapeso.

Esta función a menudo se la considera, con excesiva simpleza, como si fuera un mecanismo para el control de los excedentes. Un escritor sobre este tema lo describe de la siguiente manera: "¿Por qué es la guerra algo tan maravilloso? Porque genera una demanda artificial....el único tipo de demanda artificial, a su vez, que no genera problemas políticos: la guerra y solamente la guerra resuelve los problemas de inventario." (15)

La principal función económica de la guerra, en nuestra opinión, es que brinda precisamente un contrapeso semejante. Esto no debe confundirse con las distintas formas de control fiscal, ninguna de las cuales emplea directamente a grandes cantidades de hombres y de unidades productivas. No debe confundirse con los gastos masivos del gobierno en programas de asistencia social. Una vez iniciados, tales programas usualmente se transforman en parte integral de la economía general y dejan de estar sujetos a un control arbitrario.

Pero aun dentro del contexto de la economía civil general, a la guerra no se la puede considerar como completamente "desperdicial". Sin una economía de guerra largamente establecida, y sin su frecuente erupción en guerras calientes de magnitud, la mayoría de los principales adelantos industriales conocidos por la historia, comenzando con el desarrollo de hierro, jamás hubieran tenido lugar. La tecnología armamentista permite estructurar a la economía. Según el autor citado precedentemente, "Nada resulta más irónico o elocuente acerca de nuestra sociedad que el hecho de que la enormemente destructiva guerra conlleva una fuerza muy progresista dentro de ella....La producción bélica es progresista debido a que construye una producción que, de otra manera, no se hubiera realizado. (No se aprecia lo suficientemente el hecho de que, por ejemplo, el nivel de vida civil durante la Segunda Guerra Mundial mejoró). (16) Esto no es ni "irónico o elocuente" sino, esencialmente, se trata de un simple hecho.

También debe comprenderse que la producción bélica tiene un efecto sólidamente estimulante más allá de sí misma. Lejos de constituir un drenaje "desperdicial" sobre la economía, el gasto de guerra, si se lo considera pragmáticamente, constituye un factor de efectos consistentemente positivos sobre el aumento del producto bruto nacional y sobre la productividad individual. Un ex-Secretario del Ejército lo definió cuidadosamente para consumo público de la siguiente manera: "Si existe, como sospecho que es el caso, una relación directa entre el estímulo generado por los grandes gastos en materia de defensa y una tasa de crecimiento substancialmente mayor del producto bruto nacional, entonces simplemente puede concluirse que el gasto de defensa por sí mismo podría justificarse tan solo por razones económicas (se agrega el resaltado), como un factor estimulante del metabolismo nacional". (17) En realidad, la utilidad fundamental no-militar de la guerra dentro de las economías es mucho más reconocida de lo que la carencia de afirmaciones explícitas como la arriba indicada parecerían sugerir.

Sin embargo, abundan muchos reconocimientos públicos redactados en forma negativa acerca de la importancia de la guerra para la economía en general. El ejemplo más familiar es el efecto de las "amenazas de paz" sobre la bolsa de comercio, por ej., "Ayer Wall Street registró el cimbronazo de un aparente mensaje de paz desde Vietnam del Norte pero rápidamente recuperó su compostura luego de más o menos una hora de vender, a veces, en forma indiscriminada." (18) Los bancos, a su vez, solicitan depósitos con slogans precautorios semejantes; por ej., "Si la paz llega, ¿estará usted listo?" Un caso más sutil lo conformó la reciente renuencia del Depto. de Defensa de permitirle al gobierno de Alemania Occidental sustituir bienes no-militares por armamentos no deseados como parte de sus compromisos de adquisiciones a los Estados Unidos. La consideración decisiva fue que las compras germanas no debían afectar a la economía general (no militar). Otros ejemplos incidentales pueden observarse en las presiones ejercidas sobre el Departamento de Defensa cuando anuncia planes para cerrar alguna instalación obsoleta (por tratarse de una forma "desperdicial" del "desperdicio") y en la usual coordinación del incremento de actividades militares (como en Vietnam en 1965) en momentos en que se producen aumentos en la tasa del desempleo.

No pretendemos insinuar que no pueda diseñarse dentro de la economía un sustituto para la guerra. Sin embargo, no se ha probado hasta el presente que exista ninguna combinación de técnicas para controlar el empleo, la producción y el consumo que pueda compararse en su efectividad, ni por aproximación, con la guerra. La guerra es y ha sido el estabilizador económico esencial de las sociedades modernas.

Políticas

Las funciones políticas de la guerra han sido, hasta el momento, aun más críticas para la estabilidad social. No debe sorprendernos, sin embargo, que los análisis de reconversión económica para la paz tiendan a acallarse cuando se aborda el tema de su implementación política y que los escenarios de desarme, a menudo muy sofisticados en su evaluación de los factores políticos internacionales, tiendan a ignorar las funciones políticas del sistema de guerra dentro de las sociedades individuales.

Estas funciones son, esencialmente, organizacionales. En primer termino, la existencia de una sociedad como una "nación" política requiere como parte de su definición una actitud de relacionamiento hacia otras "naciones". Esto es lo que usualmente se denomina política exterior. Pero la política exterior de una nación no puede tener sustancia si no dispone de los medios para imponer su actitud sobre otras naciones. Solo puede realizar esto de una manera creíble si implica una amenaza de máxima organización política para este propósito - lo que significa que debe organizarse para algún grado de guerra. Correspondientemente, la guerra, de la manera que la hemos definido para que incluya todas las actividades nacionales que reconocen la posibilidad de conflicto armado, es en sí el elemento que define la existencia de cualquier nación en relación a cualquier otra nación. Dado que es un axioma histórico que la existencia de cualquier forma de armamento presupone su utilización, hemos utilizado la palabra "paz" como virtualmente sinónima con el desarme. Con el mismo criterio, la "guerra" es virtualmente sinónimo de la nacionalidad. La eliminación de la guerra implica la inevitable eliminación de la soberanía nacional y del estado-nación tradicional.

El sistema de guerra no solo ha sido esencial para la existencia de las naciones, como entidades políticas independientes, sino que también ha sido igualmente indispensable para la estabilidad de su estructura política interna. Sin ella, jamás gobierno alguna ha podido justificar su "legitimidad", o su derecho a gobernar a su sociedad. La posibilidad de la guerra brinda un sentimiento de necesidad externa sin la cual ningún gobierno puede perdurar un tiempo significativo en el poder. La historia revela un caso tras otro en el que el fracasado intento de un régimen de mantener la credibilidad de una amenaza de guerra condujo a su disolución, sea a través de las fuerzas del interés privado, por las reacciones de la injusticia social o por otros elementos desintegrantes. La organización de una sociedad para la posibilidad de la guerra es su principal factor estabilizador político. Resulta irónico que esta función primaria de la guerra haya sido reconocida por los historiadores en términos generales únicamente en aquellos casos en los que haya sido expresamente asumida: en las sociedades piratas de los grandes conquistadores.

La autoridad básica del estado moderno sobre su población reside en sus poderes de guerra. (Existen, en verdad, buenas razones para creer que los códigos de ley tuvieron su origen en las reglas de conducta establecidas por los militares victoriosos hacia sus enemigos derrotados, que luego se vieron adaptadas para aplicarse sobre todas las poblaciones sujetas) (19) En un plano diario, esta autoridad se ve representada por las instituciones de la policía, organizaciones armadas cuyo cometido expreso se relaciona con los "enemigos internos" de una manera militar. Al igual que el enemigo convencional "externo" militar, la policía también se ve básicamente excluida de muchas de las limitaciones legales civiles sobre el comportamiento social. En algunos países, la distinción artificial entre policía y otras fuerzas militares no existe. Sobre una base a largo plazo, los poderes de guerra y de emergencia de un gobierno - inherentes a la estructura estatal aun entre las naciones más liberales - definen el aspecto más significativo de la relación entre el estado y el ciudadano.

En las sociedades democráticas modernas más avanzadas, el sistema de guerra ha brindado a los líderes políticos otra función político-económico de creciente importancia: ha servido como el último gran bastión contra la eliminación de las necesarias clases sociales. A medida que la productividad económica aumenta hasta lograr niveles más y más por encima de la subsistencia mínima, se torna crecientemente difícil para una sociedad mantener patrones de distribución que aseguren la existencia de "cortadores de leña y acarreadores de agua". El continuado desarrollo de la automatización diferenciará aun más agudamente la distinción entre los trabajadores "superiores" y lo que Ricardo denominó los "incultos" (menial workers), mientras que simultáneamente se agrava el problema de mantener una fuente de abastecimiento de mano de obra sin capacitar.

La naturaleza arbitraria de los gastos de guerra y de las demás actividades militares transforma a éstas en instrumentos ideales para controlar las relaciones esenciales entre las clases. Obviamente, si el sistema de guerra fuera descartado, se requeriría inmediatamente el uso de nuevos mecanismos políticos para cumplir esta sub-función vital. Hasta tanto se hayan desarrollado, la continuidad del sistema de guerra debe verse asegurada, aunque tan solo sea para preservar la calidad y el grado de pobreza que una sociedad requiere como un incentivo, como así también para mantener la estabilidad de su organización interna del poder.

Sociológicas

Bajo este rubro, examinaremos el punto de unión de las funciones brindadas por el sistema de guerra que afectan al comportamiento humano dentro de la sociedad. En términos generales, son de una aplicación más amplia y menos susceptibles a la observación directa que los factores económicos y políticos previamente considerados.

La más obvia de estas funciones es el uso tradicional de las instituciones militares para brindar a los elementos antisociales un rol aceptable dentro de la estructura social. Los movimientos sociales desintegrativos e inestables, que se describen en términos generales como "fascistas", tradicionalmente se han enraizado en sociedades que han carecido de alternativas militares o paramilitares adecuadas para satisfacer las necesidades de estos elementos. Esta función ha sido crítica en períodos de cambios rápidos. Las señales de peligro son fáciles de reconocer, aunque sus estigmas porten diferentes nombres en diferentes tiempos. Los lugares comunes eufemísticos actuales - "delincuencia juvenil" y "alienación" - han tenido sus contrapartidas en cada edad. En épocas anteriores, estas condiciones eran resueltas directamente por los militares sin las complicaciones del debido proceso, usualmente a través de pelotones de reclutamiento o la esclavitud. Pero no resulta difícil imaginar, por ejemplo, el grado de disrupción social que hubiera tenido lugar en los Estados Unidos a lo largo de las ultimas dos décadas si el problema de las personas socialmente desalineadas durante el periodo de la pos-Segunda Guerra Mundial no hubiese sido previsto y adecuadamente canalizado. Los elementos más jóvenes y peligrosos de estos grupos sociales hostiles se han mantenido bajo control por el Sistema de Servicio Selectivo (Selective Service System - la conscripción).

Este sistema y sus esquemas análogos en otras naciones, brinda ejemplos muy claros de una utilidad militar indirecta. Personas bien informadas en este país jamas han aceptado la lógica oficial de un sistema de conscripción en tiempos de paz - por necesidad militar, para estar listos, etc. - como digno de una consideración seria. Pero lo que ha ganado en credibilidad entre las personas más pensantes es la poco mencionada y no tan fácilmente refutable propuesta de que la institución del servicio militar tiene una prioridad patriótica en nuestra sociedad, que debe mantenerse por su propio valor. Irónicamente la explicación oficial simplista acerca del servicio de conscripción se aproxima más a la verdad una vez que las funciones no-militares de las instituciones militares son comprendidas. Como un instrumento de control sobre elementos hostiles, nihilísticos y potencialmente desestabilizantes de una sociedad en transición, el sistema de conscripción puede ser defendido, y muy convincentemente, como una necesidad "militar".

Tampoco puede considerarse como una casualidad el hecho de que la actividad militar abierta, y por ende el nivel de los reclutamientos por conscripción, tiendan a seguir las principales fluctuaciones en la tasa de desempleo entre los grupos de menor edad. Esta tasa, a su vez, es un indicio tradicional del descontento social. Debe tenerse en cuenta también que las fuerzas armadas en cada civilización han brindado el principal refugio apoyado por el estado para lo que hoy denominamos personas "no empleables". El típico ejército permanente europeo (de hace cincuenta años) consistía de "...tropas no aptas para el empleo en el comercio, industria, o agricultura lideradas por oficiales no aptos para ninguna profesión legitima o para conducir un negocio o empresa." (20)

Esto, en gran medida, sigue siendo verdad aunque sea menos aparente. En alguna medida, esta función de lo militar como custodio de lo económica o culturalmente insuficiente fue el precursor de los contemporáneos programas de asistencia social civiles, desde el WPA hasta las distintas formas de seguridad médica y social "socializadas". Resulta interesante comprobar que sociólogos liberales actualmente están proponiendo que el Sistema de Conscripción sea utilizado como un medio para mejorar el nivel cultural de los sectores pobres y que se considere esto como una aplicación nueva en la práctica militar.

Aunque no pueda decirse en forma absoluta que medidas críticas de control social, como la conscripción, requieren una lógica militar, ninguna sociedad moderna ha estado dispuesta a arriesgarse con algún experimento de otra naturaleza. Aun durante períodos de relativamente simple crisis social como la así-llamada Gran Depresión de los años treinta, se consideraba prudente por parte del gobierno imprimirle a proyectos laborales menores como el Cuerpo de Conservación "Civil", un carácter militar y la más ambiciosa National Recovery Administration (el New Deal del presidente Franklin D Roosevelt) fue colocada en sus comienzos bajo la dirección de un oficial profesional del ejército. En la actualidad, por lo menos una pequeña nación del norte de Europa plagada de problemas sociales entre sus "jóvenes alienados" se encuentra considerando la conveniencia de ampliar sus fuerzas armadas a pesar de la problemática de aumentar la credibilidad de una inexistente amenaza externa.

Se han realizado esfuerzos esporádicos de promover el reconocimiento general de las naciones amplias, libres de connotaciones militares, pero estos intentos han resultado poco efectivos. Por ejemplo, para obtener el apoyo del publico para programas tan modestos de ajuste social como la "lucha contra la inflación" o "mantener la salud física", ha sido necesario que el gobierno utilizara incentivos patrióticos (o sea, militares). Vender bonos para la "defensa" y equipar a la salud con la preparación militar. Esto no debe sorprendernos por cuanto el concepto de la "nacionalidad" implica estar preparados para la guerra, por lo que un programa "nacional" debe hacer lo mismo.

En términos generales, el sistema de guerra brinda la motivación básica para la organización social primaria. Al hacerlo, refleja a nivel social, los incentivos que hacen al comportamiento humano individual. El más importante de éstos, a los efectos sociales, lo conforma la necesidad psicológica individual de lealtad hacia una sociedad y sus valores. La lealtad requiere de una causa; una causa requiere de un enemigo. Hasta aquí lo obvio; el punto critico radica en el hecho de que el enemigo que define la causa debe percibirse como realmente formidable. En términos generales, el poder que se presume de semejante "enemigo" debe ser lo suficientemente importante como para generar un sentido individual de lealtad hacia una sociedad y debe ser proporcional al tamaño y complejidad de esa sociedad. Hoy en día, por supuesto, ese poder debe ser de una magnitud y terror sin precedentes.

De los patrones de comportamiento humano, puede concluirse que la credibilidad en un "enemigo" social requiere simultáneamente un alistamiento para responderle en forma proporcional a la amenaza que representa. En un contexto social amplio, el "ojo por ojo" aun caracteriza la única actitud aceptable hacia una amenaza de agresión presumida, a pesar de los preceptos religiosos y morales en contrario que gobiernan a la conducta personal. La gran distancia entre el plano de las decisiones personales y el de las consecuencias sociales en una sociedad moderna torna fácil a sus miembros mantener esta actitud sin ser conscientes de ella. Un ejemplo reciente de ello fue la Guerra de Vietnam; un ejemplo menos reciente fue el bombardeo de Hiroshima y Nagasaki. (21) En cada caso, la magnitud y futilidad de las masacres fueron abstraídas dentro de fórmulas políticas por la mayoría de los (norte)americanos, una vez que la propuesta de que las víctimas eran "enemigas" quedó establecida. El sistema de guerra también hace posible semejante respuesta abstracta dentro de contextos no-militares. Un ejemplo convencional de este mecanismo lo encontramos en la incapacidad de la mayoría de la gente para relacionar, por ejemplo, la hambruna de millones de seres en la India con sus propias decisiones en materia política adoptadas en el pasado. Sin embargo, la lógica secuencial que encadena una decisión de restringir la producción de granos en los Estados Unidos con una eventual hambruna en Asia resulta obvia, no-ambigua y difícil de disimular.

Lo que le otorga al sistema de guerra su rol pertinente en la organización social, como en otros rubros, es su autoridad sin igual sobre la vida y la muerte. Debe enfatizarse nuevamente que el sistema de guerra no es una mera extensión social de la necesidad presumida de violencia humana individual sino que sirve en si mismo para racionalizar a la mayor parte de las matanzas no-militares. También brinda un antecedente para la voluntad colectiva de los miembros de una sociedad, para pagar un precio en sangre como precio por instituciones mucho menos centrales a la organización social que la propia guerra. Para tomar un ejemplo a mano, "...en lugar de aceptar los limites de velocidad de 20 millas por hora, preferimos dejar que los automóviles maten 40.000 personas al año." (22) Un analista de la RAND Corporation lo dice en términos más generales y menos retóricos: "Estoy seguro de que existe un nivel deseable de accidentes automovilísticos - deseable desde el sentido de una amplia visión del problema; en el sentido de que resulta un costo necesario respecto de un elemento que tiene un valor mucho mayor para la sociedad." (23) El punto puede resultar demasiado obvio para ser reiterado pero resulta esencial a fin de lograr una comprensión cabal de la importancia de la función motivacional de la guerra como un modelo de sacrificio colectivo.

Un vistazo sobre algunas sociedades modernas perimidas resulta muy instructivo. Una de las características subrayables que resultan comunes a las mayores, más complejas y exitosas civilizaciones de la antigüedad, fue su uso generalizado del sacrificio de sangre. Si uno se limitara a la consideración de esas culturas, cuya hegemonía regional era tan completa que la posibilidad de la "guerra" se había transformado en algo virtualmente inconcebible - como fue el caso de varias de las grandes civilizaciones precolombinas del hemisferio occidental - se encontraría con que cierta forma de matanza ritual siempre ocupó una posición de enorme importancia social dentro de cada una de ellas. Invariablemente, el ritual era investido de un significado mítico o religioso; y como resulta con toda práctica religiosa y totémica, el ritual enmascaraba una función social más amplia e importante.

En estas sociedades, el sacrificio de sangre servía al propósito de mantener un vestigio de "preparación" respecto de la capacidad y voluntad de la sociedad para hacer la guerra - o sea, de matar y ser matado - en el caso de que alguna circunstancia mística - o sea, no prevista - diera lugar a semejante posibilidad. Que dicha "preparación" no resultó ser un adecuado sustituto para una organización militar genuina cuando el enemigo impensable, como fue el conquistador español, apareció en el escenario, no invalida en absoluto la función cumplida por el ritual. Se trataba primariamente, si no exclusivamente, de un recordatorio simbólico de que la guerra había alguna vez sido la fuerza organizadora central de la sociedad y que dicha condición podría repetirse.

Esto no significa que una transición hacia la paz total en las sociedades modernas requeriría el uso de semejante modelo aun con un disfraz menos "bárbaro". Pero la analogía histórica sirve como recordatorio de que un sustituto viable para la guerra como sistema social no puede limitarse a una mera farsa simbólica. Debe involucrar un riesgo autentico de destrucción personal y a una escala consistente con el tamaño y complejidad de los sistemas sociales modernos. La clave es su credibilidad. Sea ese sustituto de naturaleza ritual o de funcionamiento concreto, a no ser que brinde una amenaza de vida o muerte creíble, no servirá para la función social organizadora que cumple la guerra.

La existencia de una amenaza externa aceptada, entonces, resulta esencial para lograr la cohesión social como así también la aceptación de la autoridad política. Esta amenaza debe ser creíble, debe ser de una magnitud consistente con la complejidad de la sociedad amenazada y debe aparecer, como mínimo, afectando a la sociedad en su conjunto.

Ecológicas

El hombre, como todos los demás animales, está sujeto a un proceso continuo de adaptación a las limitaciones de su medio ambiente. Pero el mecanismo principal que ha utilizado para este propósito es único entre los seres vivientes. Para conjurar a los inevitables ciclos históricos de insuficientes recursos en materia de alimentos, el hombre pos-neolítico destruye a los miembros excedentes de su propia especie a través de la guerra organizada.

Los etólogos (24) han observado que la matanza organizada de miembros de la propia especie resulta prácticamente desconocida entre otros animales. La especie humana tiene una propensidad a matar a su propia especie (compartida hasta cierto limite con las ratas) y su incapacidad de adaptar patrones de supervivencia perimidos (como la caza primitiva) puede atribuirse al desarrollo de "civilizaciones" en las cuales estos patrones no pueden ser sublimados efectivamente. También puede atribuirse a otras causas que han sido propuestas, tales como un "instinto territorial" mal adaptado, etc. No obstante, la propensión existe y su expresión social a través de la guerra constituye un control biológico sobre la relación con el medioambiente natural que es propiedad únicamente del hombre.

La guerra ha ayudado a asegurar la supervivencia de la especie humana. Pero como mecanismo evolutivo para mejorarla, la guerra ha resultado casi increíblemente ineficiente. Con pocas excepciones, los procesos de selección de otras criaturas vivientes promueve tanto la supervivencia especifica como la mejora genética. Cuando un animal convencionalmente adaptativo se enfrenta a una de sus periódicas crisis de insuficiencia, son los miembros "inferiores" de la especia los que normalmente desaparecen. La respuesta social de un animal a semejante crisis puede cobrar la forma de una migración masiva durante la cual los débiles quedarán en el camino. O puede adoptar el más dramático y más eficiente patrón de la sociedad de lemingos en la que los miembros más débiles voluntariamente se dispersan dejando las provisiones de alimentos para los más fuertes. En cualquiera de los casos, los fuertes sobreviven y los débiles caen. En las sociedades humanas, aquellos que luchan y mueren en guerras de supervivencia son, generalmente, sus miembros biológicamente más fuertes. Esto configura una selección natural al revés.

Los efectos genéticos regresivos de la guerra han sido señalados (25) en diversas ocasiones y también deplorados aun cuando se confunden factores biológicos con factores culturales. (26) Esta pérdida desproporcionada de los miembros biológicamente más fuertes es inherente a la guerra tradicional. Permite señalar el hecho de que la supervivencia de la especie y no su mejora es el propósito fundamental de la selección natural, si se puede decir que tenga un propósito, en el mismo sentido de la premisa fundamental del presente estudio.

Pero como manifestara Gaston Bouthoul, (27) otras instituciones desarrolladas para servir esta función ecológica han demostrado ser aun menos satisfactorias. (Se incluyen formas establecidas como las siguientes: el infanticidio practicado principalmente en sociedades antiguas y primitivas; la mutilación sexual; el monasticismo; la emigración forzada; los castigos capitales generalizados como en la antigua China y en la Inglaterra del siglo XVIII; y otras prácticas similares, usualmente localizadas).

La capacidad del hombre para incrementar su productividad en rubros esenciales para la supervivencia física, sugieren que la necesidad de protección ante hambrunas cíclicas puede hoy ser casi obsoleta. (28) Correspondientemente, existe la tendencia a reducir la importancia aparente de la función básica ecológica de la guerra, que usualmente es ignorada por los teóricos de la paz. Dos aspectos de la misma sin embargo, siguen siendo particularmente relevantes. El primero es obvio: las tasas actuales de crecimiento poblacional agudizado por la amenaza ambiental de productos químicos y otros contaminantes bien podrían generar una nueva crisis de insuficiencia. En caso de resultar así, seguramente será de una magnitud global sin precedentes y no meramente regional o temporaria. Los métodos convencionales de guerra seguramente resultarían inadecuados, en este caso, para reducir el tamaño de la población consumidora a un nivel consistente con la supervivencia de la especie.

El segundo factor relevante es la eficiencia de los métodos modernos de destrucción masiva. Aun si su uso no es requerido para hacer frente a la crisis demográfica mundial, ofrecen paradójicamente, la primer oportunidad en la historia de la humanidad de frenar los efectos genéticos regresivos en la selección natural a través de la guerra. Las armas nucleares operan en forma indiscriminada. Su aplicación conllevaría el fin de la destrucción desproporcionada de los miembros físicamente más fuertes de la especie (los "guerreros") en épocas de guerra. Si esta posible ventaja genética compensaría las mutaciones desfavorables que previsiblemente ocasionaría la radioactividad posnuclear, es algo que no hemos aun evaluado. Lo que hace que esta cuestión sea pertinente a nuestro estudio es la posibilidad de que semejante determinación pudiera tener que llevarse a cabo en algún momento.

Otra tendencia ecológica secundaria sobre el crecimiento demográfico proyectado es el efecto regresivo de ciertos avances médicos. La peste, por ejemplo, ya no resulta más un factor importante en el control poblacional. El problema del aumento en la expectativa de vida se ha visto agravado. Estos adelantos también presentan un problema potencialmente más siniestro en el sentido de que las características genéticas que previamente se autoliquidaban, ahora pueden ser mantenidas clínicamente. Muchas enfermedades que antes eran fatales a edades procreadoras ahora pueden ser curadas; el efecto de este hecho es que permite perpetuar susceptibilidades y mutaciones no-deseadas. Queda claro que una nueva, cuasi-eugénica función de la guerra se encuentra en proceso de formación y deberá tenerse en cuenta en cualquier plan de transición. Por el momento, el Departamento de Defensa parece haber reconocido tales factores que quedaron demostrados por el proceso de planeamiento actualmente llevado a cabo por la RAND Corporation para hacerle frente a la pérdida del equilibrio ecológico que se anticipa que ocurriría tras una guerra termonuclear. El Departamento también ha comenzado a acopiar pájaros, por ejemplo, contra la esperada proliferación de insectos resistentes a la radioactividad, etc.

Culturales y científicas

El orden declarado de valores en las sociedades modernas otorga una alto lugar a las asi-llamadas actividades "creativas" y un lugar aun más alto a aquellas asociadas con el avance del conocimiento científico. Valores mantenidos en amplios círculos sociales pueden traducirse en sus equivalentes políticos, lo que a su vez puede influir sobre la naturaleza de una transición hacia la paz. Las actitudes de aquellos que sostienen dichos valores debe ser tenido en cuenta durante el planeamiento de la transición. La dependencia, entonces, de los logros culturales y científicos dentro del sistema de guerra sería una consideración importante en un plan de transición aun si tales logros no tuvieran una función social inherentemente necesaria.

De todo el cúmulo de dicotomías inventadas por los estudiosos para explicar las principales diferencias en los estilos y ciclos artísticos, solamente uno ha sido consistentemente no-ambiguo en su aplicación a una variedad de formas y culturas. De cualquier forma que se lo exprese, la distinción básica es esta: ¿Está la obra orientada hacia la guerra o no? Entre los pueblos primitivos, la danza de guerra es la forma artística más importante. En otras culturas, la literatura, la música, la pintura, la escultura y la arquitectura que se han ganado una aceptación permanente, se han referido invariablemente al tema de la guerra, sea en forma explicita o implícita, con lo que expresan la centralidad de la guerra para la sociedad. La guerra en cuestión puede ser un conflicto nacional, como en las obras de Shakespeare, la música de Beethoven, o las pinturas de Goya, o puede verse reflejada en la forma de luchas religiosas, sociales o morales como en las obras de Dante, Rembrandt y Bach. El arte que no pueda ser clasificado como orientado hacia la guerra suele describirse como "estéril", "decadente" y cosas por el estilo. La aplicación del "standard de guerra" a las obras de arte a menudo dejará un amplio espacio de debate en casos individuales, pero no existen dudas acerca de su rol como función determinante de valores culturales. Los standards estéticos y morales tienen un origen antropológico en común, en la exaltación de la valentía, y en la predisposición para matar y arriesgar la muerte en la guerra tribal.

También resulta instructivo observar que el carácter de la cultura de una sociedad mantiene una estrecha relación con su potencial para hacer la guerra dentro del contexto de su época. No es ningún accidente que la actual "explosión cultural" en los Estados Unidos tenga lugar en una época marcada por un desarrollo inusualmente rápido de la tecnología bélica. Esta relación se reconoce más generalmente de lo que dejaría entrever la literatura especializada en este tema. Por ejemplo, muchos artistas y autores están comenzando a expresar su preocupación acerca de las opciones de creatividad limitadas que prevén en un mundo sin guerras, que ellos creen o esperan estará pronto entre nosotros. Actualmente, se están preparando para esta posibilidad realizando experimentaciones sin precedentes con formas carentes de sentido; sus intereses en años recientes se han focalizado crecientemente en diseños abstractos, emociones gratuitas, ocurrencias fortuitas y secuencias sin relación.

La relación de la guerra con la investigación y el descubrimiento científico resulta más explicita. La guerra es la fuerza motivacional más importante para el desarrollo de la ciencia en todos los niveles, desde el nivel abstractamente conceptual hasta el estrechamente tecnológico. La sociedad moderna le otorga un alto valor a la ciencia "pura" pero históricamente resulta inevitable que todos los descubrimientos significativos que se han hecho acerca del mundo natural se hayan visto inspirados por las reales o imaginarias necesidades militares de las distintas épocas. Las consecuencias de los descubrimientos luego han ido más allá del campo de la guerra, pero fue la guerra la que siempre ha provisto el incentivo inicial.

Comenzando con el desarrollo del hierro y el acero, avanzando por los descubrimientos de las leyes del movimiento y la termodinámica, hasta la era de la partícula atómica, el polímero sintético y la cápsula espacial, no existe ningún adelanto científico de importancia que no se haya visto instigado, aunque más no sea indirectamente, por los requerimientos de los armamentos. Ejemplos más prosaicos incluyen la radio a transistores (una consecuencia de requerimientos militares en materia de comunicaciones), la línea de montaje (como consecuencia de los requerimientos de armas durante la Guerra Civil), las estructuras de armazón de acero (que surgieron de los acorazados de guerra), las represas en los canales, etc. Una adaptación típica podemos comprobarla en un artefacto tan modesto como la cortadora de césped: se desarrolló partiendo de la guadaña giratoria inventada por Leonardo da Vinci para que precediera a los vehículos tirados por caballos que se lanzaban sobre las filas enemigas.

La relación más directa puede hallarse en la tecnología médica. Por ejemplo, una enorme "máquina de caminar" que amplifica los movimientos del cuerpo se inventó para uso militar en terrenos difíciles y ahora permite que muchas personas que estaban confinadas a sillas de ruedas puedan desplazarse caminando. La Guerra de Vietnam por si sola motorizó espectaculares adelantos en procedimientos de amputación de miembros, técnicas de manejo de sangre y logística quirúrgica. Ha estimulado investigaciones a gran escala sobre la malaria y otras enfermedades parasitarias tropicales. Resulta difícil estimar cuanto tiempo hubiese demandado este trabajo en otras circunstancias, a pesar de su enorme importancia no-militar para casi la mitad de la población del mundo.

Otras

Hemos optado por omitir en nuestro análisis de las funciones no-militares de la guerra, a aquellas que estimamos no son criticas para un programa de transición. Ello no significa que estas otras funciones no sean importantes, sino meramente que parecerían no representar problemas especiales para la organización de un sistema social orientado hacia la paz. Estas incluyen a las siguientes:

La guerra como un factor de liberación social general. Esta es una función psicológica que sirve las mismas funciones para la sociedad como las vacaciones, la celebración, y la orgía para el individuo - la liberación y redistribución de tensiones indiferenciadas. La guerra brinda el necesario periódico reajuste de los standards de comportamiento social (el "clima moral") y permite disipar el aburrimiento general, uno de los fenómenos sociales más consistentemente subvaluados y no reconocidos que existen.

La guerra como un estabilizador generacional. Esta función psicológica, que se sirve de otros patrones de comportamiento en otros animales, permite a las generaciones más viejas que se van deteriorando físicamente mantener un cuota de control sobre la generación más joven, destruyéndola si es preciso.

La guerra como un clarificador ideológico. El dualismo que caracteriza a la dialéctica tradicional en todas las ramas de la filosofía y en las relaciones políticas estables proviene de la guerra como prototipo del conflicto. Salvo por consideraciones secundarias, no puede existir - para decirlo lo más simplemente que se puede - más de dos lados a una cuestión por la sencilla razón de que no puede haber más de dos lados en una guerra.

La guerra como la base del entendimiento internacional. Antes del desarrollo de las comunicaciones modernas, los requerimientos estratégicos de la guerra brindaban el único incentivo substancial para el enriquecimiento de una cultura nacional con los logros de otra. Aunque esto aun sea el caso en muchas relaciones internacionales, esta función se encamina hacia la obsolescencia.

También hemos omitido una caracterización amplia de aquellas funciones que presumimos son ampliamente y explícitamente reconocidas. Como un ejemplo obvio de ello, mencionamos el rol de la guerra como controlador de la calidad y del grado de desempleo. Esto es más que una sub-función económica y política; sus aspectos sociológicos, culturales y ecológicos también son importantes aunque a menudo también teleonómicos. Pero ninguna afectan el problema general de la sustitución. Los mismos rigen para ciertas otras funciones; los que hemos enumerados son suficientes para definir el marco del problema